Analisis de la película el nombre de la rosa

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Hace veinticinco años que apareció Il nome della rosa (1980), traducido poco tiempo después al castellano y a tantas y tantas lenguas. Lo leí en 1983. Me lo había recomendado un compañero de la mili, un tipo refinado y al que imaginaba cultísimo, aquel que se ocupaba de mantener abierta la escueta biblioteca de la sección en la que yo mismo servía al Rey. Mientras un servidor se ocupaba dearchivar notas de prensa y de transmitir a los periódicos inverosímiles crónicas de juras de bandera y de renovación de juras, mi compañero leía y leía sin parar, en aquel cuartucho angosto en el que se agolpaban unos pocos volúmenes que nadie consultaba, informes militares del Ceseden, enciclopedias añosas y un maravilloso Pascual Madoz completo, un Diccionario. Yo conocía a Umberto Eco por haberconsultado algunas de sus obras mientras acababa la carrera. Mis estudios no tenían nada que ver con la semiótica, pero el fenómeno de la comunicación me interesaba sobremanera...

Umberto Eco

A FONDO
Nacimiento: 05-01-1932 Lugar: Alessandria - Turín

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Cuando leí El nombre de la rosa, quedé simplemente anonadado. En cierta ocasióndijo Umberto Eco que cuando comienza un nuevo curso, con estudiantes recién llegados, se dirige al encerado y con la tiza marca una raya vertical. A la izquierda pone A.C. y a la derecha escribe D.C. Esto es, antes de Cristo, después de Cristo. Es tal la mixtura de referentes, es tal la mezcla de autores y de interlocutores con que se codean los alumnos, capaces de hacer coincidir a Aristóteles yMichael Jackson, que la cronología se desvanece. Por eso, Eco separaba en el pizarrón antes y después de nuestra era: para que los muchachos encajaran hechos, circunstancias y personajes alejados en el tiempo.

Salvando las distancias, podría decir que para mí, para mi formación e imaginario, El nombre de la rosa marca un antes y un después, antes y después de Eco, antes y después de haberleído esa novela, en consonancia con mi primera asimilación de Jorge Luis Borges: una novela que no es excepcional, pero a la que le esperaba una suerte espléndida. Ya sabemos que fue un best seller sin paliativos, que cambió el concepto mismo de novela histórica, que supuso el apadrinamiento masivo de la narración posmoderna. Ya sabemos que era una aleación entre cuento policial y relato filosófico,entre historia y presente, con aquella violencia y aquel trasunto metafórico del terrorismo. Ya sabemos que aunaba géneros (cosa que Umberto Eco ha seguido haciendo después sin obtener el mismo éxito), que halagaba el paladar del destinatario más culto y que satisfacía la demanda de intriga que todo lector común exige, que cortejaba a los pedantes y que entretenía a los vulgares. Ya sabemos, enfin.

Fue tal el éxito que alcanzó, tales las ventas y los elogios que suscitó, que se puso de moda entre la gente más chic ponerle reparos. Que si Umberto Eco no era un auténtico narrador, que si aprovechaba el relato para condensarnos y pasarnos de matute un saber enciclopédico sobre la Edad Media, el que los historiadores habían acopiado o él mismo había aprontado en su tesis sobre Santo Tomás.La verdad es que, desde mi punto de vista, algunas de esas pegas no eran desacertadas: las novelas posteriores de Umberto Eco, del gran Umberto Eco, que he leído con un desinterés creciente, no logran entretener, justamente porque administran a grandes dosis informaciones, noticias y saberes sin que el cuidado de los personajes o de la trama sean excepcionales.

Sin embargo, en aquella primeranovela había un subtexto para cultos y había intriga para lectores corrientes; había una reflexión sobre la lectura misma como proceso creativo y recreativo, sobre la risa como elemento disolvente, sobre la cultura popular como expresión carnavalesca, y había una pesquisa policial en la que la abducción era el procedimiento, el recurso propio de un detective; había una investigación histórica o,...
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