Arte y saber en las instituciones científicas y académicas, en una era en la que ya no existen las obras de arte

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"Arte y saber en las instituciones científicas y académicas, en una era en la que ya no existen las obras de arte".

Dr. Fernando Fraenza – Universidad Nacional de Córdoba

A partir del fenómeno de crisis de la categoría de obra de arte, las instituciones destinadas a conocer o conservar el arte (no tanto las destinadas a promoverlo) se han visto en un histórico aprieto y en una nuevaobligación. Las escuelas o institutos universitarios de arte (inclusive, a nivel del grado ordinario) están constreñidas, en función del estado (histórico y contingente) de desarrollo de su objeto de estudio, a promover la crítica en el sentido filosófico del término y no en su sentido profesional habitual (como promoción de la creencia artística). Es flagrante -al menos si se observa desde el exteriorde la propia esfera del arte- la contradicción entre una parte importante de su comunidad de prójimos, que concurre al arte y a sus instituciones para promover (defender, difundir, reproducir) su dogma (es decir, su componente residual de lo sacro, su aspecto no vuelto profano del todo, la creencia de que la clase de las obras de arte no es heteróclita o de que el arte tiene -de por sí- algúnpotencial social, emancipador, etc.); y otra parte, también numerosa que se apropia y reproduce (sin su debido ajuste) miradas críticas que -provenientes de la sociología, la socosemiótica o la filosofía postestructuralista- arrastran las consecuencias de una falta de contacto con las prácticas artísticas y con la génesis empírica del valor de la obra de arte. Filósofos y sociólogos críticos suelen seracríticos en lo que respecta al valor y a la capacidad de las obras de arte. En el mundo académico del arte, la verdadera tarea del experto no debería ser la de defender el arte (creyendo en su utilidad social, etc.), pero tampoco la de tratarlo inespecíficamente como un consumo cultural corriente. La policía creyó que una famosa escultura, de la que piadosamente se dijo que podría haber sidorobada, no había sido –casi con seguridad- desguazada y vuelta a fundir. ¿Qué razones argumentaron los detectives para justificar tal suposición? Pues bien, que para fundirla, es decir, para que cupiera en el horno, antes hubiese sido necesario partirla con un costoso oxi-corte; de modo que el beneficio obtenido por las casi 40 toneladas de acero que pesaba la escultura, teniendo en cuenta que elkilo se pagaba entonces unos 40 ó 50 céntimos de euro, no habría superado los 20.000 euros. No parecía pues, un botín proporcionado con un robo tan complicado,1 sin considerar además, que se hubiera tenido que contratar costosas grúas para trasladar a un taller los cuatro paralelepípedos de acero que componían o componen aún la escultura Equal Parallel / Guernica-Bengasi (1986), de Richard Serra (SanFrancisco, 1939), adquirida por 36 millones de pesetas en 1987 para el Ministerio de Cultura de España, perdida no se sabe cuando (tal vez en los noventa), y echada de menos en 2006. Vale decir, nadie intentó reciclar el puro material bruto de una celebérrima escultura de un figurón del arte contemporáneo, desaprovechando su valor y distinción propiamente artística, tan solo porque no esmaterialmente factible que un mero chatarrero callejero cargue un escultura semejante en una camioneta con unas pocas cuerdas y un par de hombres. Y no es que los agentes de la Brigada de Delitos contra el Patrimonio no barajaran alguna teoría inverosímil. En un momento, aunque fugazmente, lo pensaron y lo expresaron a la prensa más o menos en los siguientes términos: es posible, cuando hablamos de uncuadro, de una escultura, de un retablo, etc., que algún coleccionista o “amante del arte” caprichoso hubiera encargado a unos ladrones el robo de una obra de gran valor artístico pues, suele ser gente extravagante que quiere tener en su casa –a toda costa- una obra de arte que le gusta. Pero, ¿quién va a encargar el robo de cuatro bloques metálicos que en conjunto pesan 40 toneladas? En alguna...
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