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Debats 82 Otoño 2003 - ESPAIS (La) Nada para ver El procedimiento ceguera del arte contemporáneo ¿Decir y callarse son al sonido lo que mostrar y esconder son a la visibilidad? Paul Virilio La Nada no puede definirse, pero sí expresarse. Cualquier expresión de la nada es contradictoria porque nos muestra lo inmostrable. Reivindicamos, como ya hizo Baudelaire, el derecho a la contradicción.Manifiesto Nadaísta En 1995 el artista británico Martin Creed (1968), perteneciente a la generación de los llamados YBA’s (Young British Artists), realizaba la primera de una serie de instalaciones que, en 2001, le valdría el prestigioso premio Turner de las artes plásticas inglesas, otorgado por la Tate Gallery. Se trataba de una habitación totalmente vacía, una gran Nada –la obra pasó a ser conocidapopularmente como Nothing– cuya nihilidad sólo se hallaba paliada por unos tubos de neón que, situados en el techo, se encendían y apagaban rítmicamente, iluminando y oscureciendo el espacio a intervalos de un minuto, mostrando y de-mostrando lo que había para ver, y, al mismo tiempo, proporcionando título a la instalación: The Lights Going On and Off. Poco tiempo después, en 2003, el españolafincando en México, Santiago Sierra, realizaba para el pabellón español de la Bienal de Venecia Muro cerrando un espacio, una obra cuya configuración formal era semejante a la Nada de Martin Creed. En este caso, el artista había tapiado la puerta de acceso al pabellón español, al que sólo era posible acceder por una puerta trasera, previa acreditación de nacionalidad española. Los españoles queconseguían entrar no encontraban nada especial… nada: el pabellón estaba vacío. Allí no había nada. Nada para ver. Como es lógico, estas obras no son comparables en muchos aspectos –por no decir en la mayoría–, dado que responden a impulsos artísticos y poéticas radicalmente diferentes. La de Creed parece estar creada bajo una perspectiva meta-artística, una reflexión sobre la institución y el espacioexpositivo que juega con los elementos clásicos y tradicionales de la exposición y la pestalización –las luces que se encienden y apagan representan el pedestal que hace que un objeto, espacio o actitud funcione como obra de arte–, en una línea de purificación y reducción minimalista, entendiendo minimalismo en el sentido otorgado por Richard Wollheim en su clásico artículo “Minimal Art”, es decir:mínimos medios, mínimo trabajo, mínima expresión… contenido mínimo de arte1, como aquel 4’33” de John Cage. El trabajo de Sierra, en cambio, está creado desde una perspectiva eminentemente política: lo que importa es la idea de crítica a la condición fronteriza del hombre contemporáneo, en particular al problema de la inmigración y el modo en que las fronteras son muros infranqueables;infranqueables para llegar a… nada; detrás de esa infranqueabilidad sólo se encuentra el vacío de la mentira, la inconsistencia primordial sobre la que se funda una sociedad como la nuestra. No son, es cierto, comparables una y otra obra. Sin embargo –y a pesar de las profundas diferencias existentes– hay algo que las sitúa dentro de un mismo impulso, un elemento común que las pone en profunda relación, unparecido de familia, un –por decirlo en palabras de Rosalind Krauss– “inconsciente óptico”2 que las une: una inclinación a no mostrar nada al ojo, un cierto –permítaseme la expresión– nadaísmo escópico3.

Ambas obras articulan un espacio vacío en el que no hay nada para ver. No muestran nada al ojo. Si hubiésemos de responder afirmativamente al cuestionamiento de Virilio que encabeza este texto–¿Decir y callarse son al sonido lo que mostrar y esconder son a la visibilidad?4–, escribiríamos que estamos ante obras silentes, que nada dicen, que están calladas, porque nada muestran, porque todo esconden. Pero el silencio, ya lo advertía John Cage5, como la nada, siempre es ambiguo: silencio de nada, silencio de algo o silencio de todo; no es lo mismo escuchar “un silencio” que escuchar...
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