Beatas, santos y alucinados: pietismo colonial

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Beatas, santos y alucinados: Pietismo colonial

Contra la imagen generalizada de una “pax colonial”, los testimonios que van aflorando muestran una constante incertidumbre, muy manifiesta en la zonas urbanas consolidadas desde fines del siglo XVI. Recuérdese que el patrón rural de la sociedad incaica fue reemplazado por la cuadrícula o damero como proyecto espacial de las ciudades virreinales.Y aunque las casas y los territorios adyacentes que se habitaron inmediatamente después de la fundación, eran considerablemente amplios, las ciudades más importantes no tardaron en convertirse en conglomerados que atraían gentes de los alrededores. La situación era especialmente visible en los domingos y días de fiesta, cuando los mercados, ferias y templos se colmaban por quienes llegaban a laciudad a ofrecer sus productos, abastecer sus necesidades, o participar en los rituales católicos.

Los hacinamientos fueron particularmente insalubres o zonas tropicales, o durante los veranos en las áreas más templadas. Recuérdese que no había recojo sistemático de la basura, los desagües eran precarios o no existían y la práctica de higiene era apenas conocida. A esto hay que agregar el escasodesarrollo de la medicina, que convertía a los hospitales en centros de contagios y muerte. A ellos no acudían los miembros de las familias más acomodadas, pero eso apenas si reducía su tasa de mortalidad con respecto al grueso de la población. Basta con pensar en los numerosos partos que debían soportar las mujeres, de los que sobrevivían muy pocos hijos y arruinaban su juventud de la madre encorto tiempo, si no moría a consecuencias del alumbramiento.

Pero la salud no era la única preocupación en lo que se refiere a las áreas pobladas de la costa del Pacífico o zonas volcánicas como Arequipa. Existe allí otro factor generalizado de inseguridad colectiva. Tal es la condición sísmica de la región que afecta claramente a ciudades como Lima y Santiago que tiemblan de manera imperceptiblea lo largo del año, pero tales movimientos pueden escalar en intensidad tal como sucediera en Lima en 1655, 1687 y 1746 por recordar los terremotos más calamitosos del periodo colonial. Como es fácil de presumir, las construcciones no resistían la violencia de los sismos, y en muchos casos, cuando el terror de los primeros sacudones hacía que la gente buscase protección divina en los templos, lacaída de sus paredes producía aún más víctimas.

A estas dos fuentes de incertidumbre que nacían de las condiciones históricas y físicas del subcontinente, hay que agregar otros temores nacidos en la población de origen europeo. Uno de ellos tenía que ver con los grupos indígenas, reales o imaginarios, localizados más allá de los nuevos límites urbanos. Algunas veces, tales miedos se asentabanen peligros concretos, como en el caso del noroeste argentino, Santiago o Concepción, cuyos alrededores o la ciudad misma vivieron bajo amenaza de los malones o expediciones armadas de indígenas. En otros casos, la sensación de que miles de bárbaros se encontraban más allá de las montañas, en perpetuo estado de idolatría (y en poder del Enemigo) provocó ansiedad misionera de muchas buenasvoluntades. As{i lo pensaba Rosa de Lima (Isabel Flores de Oliva) que deseaba predicar y convertir a esas almas, aun a costa de su martirio que consideraba en manos de los nativos.

Estas sensaciones ambiguas con respecto a la población indígena se repitieron de igual manera con los descendientes de África que estaban esclavizados en América. La legislación y medidas concretas tomadas, por su violencia ydesproporción, prueban el recelo con que se miraba a los que amenazaban el universo familiar de quienes se autopercibían como europeos o blancos. Es así como en enero de 1667, ocho indios fueron ahorcados por planear una revuelta en Lima “para matar a todos los españoles”. El supuesto cabecilla, Gabriel Manco Cápac, huyó pero los otros complotados no sólo murieron de aquella manera, sino que se...
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