Bendiciones.

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Busquemos las Bendiciones del Templo
En otra época y en un entorno diferente, el Salvador del mundo habló de tesoros. En Su Sermón del Monte, Él dijo: “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde los ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestrotesoro, allí estará también vuestro corazón”. La recompensa prometida no era un tesoro de marfil ni de oro ni de plata, tampoco consistía de hectáreas de tierra ni una cartera de acciones. El Maestro habló de riquezas que están al alcance de todos, incluso un gozo indescriptible en esta vida y felicidad eterna en el más allá. Uno de los tesoros más grandes que nosotros, como miembros de laIglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos días, tenemos es el Santo Templo. En él, nosotros podemos llegar a ser la mejor persona que jamás seremos y entrar en ese santo lugar es una de las bendiciones más grandes que podemos tener. En el templo hay una infinidad de cosas que podemos hacer para acercarnos un poco más a ser parte del reino celestial; allí podemos hacer bautismos por aquellaspersonas que no tuvieron esa oportunidad de ser miembros de la iglesia en su vida terrenal y también podemos asistir a sesiones donde enaltecemos nuestro Espíritu. Pero lo más importante, y una de las bendiciones más grandes que podemos recibir, es sellarnos como una familia eterna.
En Doctrina y Convenios 133, en los versículos 57 y 58, se nos dice que “a fin de que los hombres fuesen hechosparticipantes de las glorias… el Señor envió la plenitud de su evangelio, su convenio sempiterno, razonando con sencillez y claridad, a fin de preparar a los débiles para las cosas que vendrán sobre la tierra”. El sellarnos como familia eterna y bautizarnos forman parte del nuevo y sempiterno convenio que Jesucristo, por medio del profeta José Smith, reveló otra vez sobre la tierra. Esto hace posiblela salvación, la inmortalidad y la vida eterna del hombre. Como dice en Doctrina y Convenios 131 en los versículos 1 y 2: “en la gloria celestial hay tres cielos o grados y para alcanzar el más alto, el hombre tiene que entrar en este orden del sacerdocio [es decir, el nuevo y sempiterno convenio del matrimonio]”, pero más adelante, en el capítulo 132, el versículo 6 nos dice la consecuencia de noser partícipes de este convenio: “Y en cuanto al nuevo y sempiterno convenio, se instituyo para la plenitud de mi gloria; y el que reciba la plenitud de ella deberá cumplir la ley, y la cumplirá, o será condenado, dice Dios el Señor.” Aquí podemos ver que cuando aceptamos el evangelio y prometemos guardar los mandamientos de Dios, El a su vez promete darnos las bendiciones de su nuevo ysempiterno convenio.
El profeta Thomas S. Monson relató sobre una experiencia que tuvo: “Hace muchos años, al visitar a una anciana viuda, Mattie, a la que conocía desde hacía mucho tiempo y de la cual había sido yo su obispo, el corazón se me encogía al ver su terrible soledad. Un hijo, al que ella quería mucho, vivía muy lejos y hacia años que no la visitaba. Mattie pasaba largas horas mirando por laventana y esperando. Tras la raída cortina que abría con frecuencia, la desilusionada madre se decía: ‘Bob vendrá; Bob vendrá’. Pero Bob no llegó. Los años pasaron uno tras otro, hasta que un día, como un rayo de sol, Bob se volvió activo en la iglesia; él vivía en Houston, Texas, lejos de su madre. Viajó entonces a Salt Lake para hablar conmigo. Me llamó por teléfono al llegar y, entusiasmado, mecontó del cambio que había experimentado; me preguntó si yo tenía tiempo para verle si iba directamente a mi oficina. Si bien mi reacción fue de alegría, le dije: ‘Bob ve primero a ver a tu madre y después ven a verme a mí’. De buena gana hizo lo que le pedí. Antes de que Bob llegara a mi oficina, me telefoneo Mattie, su madre, y entre sollozos de alegría me dijo: Obispo, sabía que Bob vendría;...
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