Biografia mario alfonso escobar

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sueño era ser aviador, pero lo que vuela ahora son sus palabras. Su manera de hablar es narrativa, radial, sube y baja el tono, momentos de tensión, momentos de calma. Con entonación, puntos y comas. Algunas veces parece perdido en su rol profesional, lo que es inevitable, tras casi cincuenta años de vida en los medios. Su personalidad es sencilla y fácil de descifrar. No esconde demasiado.Nombrarlo es también mencionar a aquellos quienes están en el guión histórico de la radio en Cali. La secuencia de eventos en su vida lo llevaron al lugar común: Mario Alfonso Escobar nació para la radio.El pequeño de doce años trasmitía imaginariamente los partidos de fútbol. Montado en un palo de guanábana, desde el solar de su casa enviaba sus relatos al viento en la colina del barrio SanAntonio, donde vivía con su familia católica. El destino posterior de sus palabras viajeras: el periodismo, la gente. “Ve, en vez de estar allá trepado en ese palo, por qué no te vas a un concurso que hay en una emisora”, le sugirió su hermana Carmen Tulia. “¡Ahh sí! ¿Y dónde es?”.Era la RCO de finales de los años cincuentas, emisora independiente que llevaba la bandera de las emisoras radiales en Calien una época romántica del medio, ‘Programa de Matinales Infantiles Croydon’, recuerda Mao risueño y enternecido, con esa memoria prodigiosa que lo caracteriza, el nombre del espacio que lo convocaba a empezar con su carrera y a tomarse en serio sus tardes de relator imaginario en el palo de guanábana.Ganador del concurso de narradores para cuentos infantiles, Mario Alfonso Escobar reclamó supremio: Un pan gigante y unos zapatos. Al respecto dijo: “Uno en esa época se conformaba con lo que le dieran”. De carambola, también se ganó la designación para ser el maestro de las ceremonias de su colegio. Trabajo que incluía, desde rezar el rosario en junio y mayo, presentar oficialmente el día de la fiesta de la madre, hasta declamar para sus compañeros en los actos de clausura.Otro concurso, enel marco de la inauguración de lo que sería llamado Radio Calidad, llegó a sus oídos. A sus dieciocho y gracias a la experiencia de cinco años, no en los medios como hubiera querido, pero sí aquella que dejó la exposición pública de sus talentos en el colegio, el perifoneo, los micrófonos, el contacto con la gente, le permitió ganar el emotivo premio: transmitir un partido de fútbol, uno real.Cali le ganaba 3 a 1 al Caldas por el torneo local y el ascenso del periodista radial continuaba.Posteriormente llegó a La voz del Valle, ya con Óscar Rentería, gran amigo y compañero de victorias profesionales. Juntos hacían ‘Campo abierto’, programa eminentemente deportivo donde consolidaría aún más su pasión. De esta estación de su vida recuerda una peculiar pauta publicitaria que se rodaba en elprograma dónde él personificaba con gracia a un abuelito. ‘Farina, el alimento de los niños de Colombia’, cuya cuña resuena en la cabeza de Mao causándole gracia y decía, según él, más o menos así: “Farina, los ricos la toman en leche, los menos ricos en agua-leche y los pobres, en agua, de cualquier forma, Farina es lo mejor”.principios de los años setentas (una época en que los periodistasJoaquín Marino López y Femando Franco eran líderes de las transmisiones y los comentarios deportivos) se encontraron en un sitio nocturno llamado Pablito, Óscar Rentería, Mario Alfonso y Carlos Galarza, este último periodista de Radio Todelar. Conversaron. Mao, en un ambiente de fiesta, sin reparos le dijo a Galarza: “Mirá, Carlos, me parece que Joaquín Marino y Fernando Franco tienen un graninconveniente en sus transmisiones. ¿Cuál es ese gran inconveniente?. Ellos tienen que seguir el balón, para poder narrar, y siguiendo el balón, les queda muy difícil comentar”.No se hizo esperar la llamada de Joaquín Marino, de Todelar, quien se tomó muy en serio el comentario expuesto en aquella noche de rumba. La conclusión y resultado nada despreciable de esta anécdota sería la implementación en...
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