Caballos de media noche

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CABALLOS DE MEDIANOCHE

Había vivido y trabajado solo con
la Soledad, mi amiga, y en las tinieblas,
en las noches y en el silencio durmiente
de la tierra había contemplado un millar
de veces el sonido de sus oscuros caballos
arribando. Y había velado la muerte de
mi hermano y de mi padre en las oscuras
vigilias de la noche y, cuando, asu hora
llegó la figura de la muerte orgullosa,
yo la había reconocido y amado.
Thomas Wolfe, From death to morning

- No me gusta el agua - dijo ella, y dibujó un mohín con los labios -. No me gusta nada.
-¿Cómo que no te gusta? -repuso él, mientras la sostenía al borde de la tina-. A las niñas buenas les gusta el agua y se bañan todos los días.
-Yo no soy una niña buena.
-¿Conque no eresuna niña buena? Entonces, ¿se puede saber qué clase de niña eres? Porque si no eres una niña buena tienes que ser una niña mala...
-Ah, no -elevó la voz-, eso sí que no. Yo no soy una niña mala. Yo no...
-Bueno -la interrumpió él-, si no eres una niña mala te vas a meter al agua ahora mismo. Y sin protestar.
-Está fría. No quiero.
-Caramba, no está fría. Ven, dame la mano.
Ella dudó uninstante antes de tendérsela. Él tomó aquella mano pequeña y blanda como si se tratara de un pez vivo y la sumergió en el agua. Ella dio un ligero respingo e intentó sacarla, pero él no se lo permitió.
-¿Ves? No está fría.
Ella se entretuvo batiendo el agua y pronto deslizó la otra mano.
-Señorita -dijo él-, no hemos venido aquí para un baño de manos. Así que usted va a entrar al agua de una vez,le guste o no le guste.
Ella lo miró y frunció los labios.
-No me digas así.
-¿Cómo?
-Que no me digas señorita. No me gusta.
-A usted no le gusta nada. Nunca he conocido una niña tan difícil.
-Es que no me gusta que me digas señorita. No soy tan vieja.
El hombre la miró divertido y empezó a reírse. Sin embargo, su risa se apagó de repente, interrumpiéndose con un bufido sordo. Inclinó lacabeza y se cubrió el rostro con ambas manos.
-¿Qué te pasa, papi?
-Nada, nada. ¿Dónde dejé mi vaso?
-Ahí está -apuntó ella bajo el lavatorio. El hombre recuperó el vaso y bebió lo que quedaba de un solo sorbo.
-Bueno -anunció-, o entras por las buenas o entras por las malas. ¿Qué prefieres?
Ella lo observó durante varios segundos, midiendo la firmeza de su resolución.
-Está bien -dijo, bajandola vista.
Él aprovechó su distracción para hacerle cosquillas y, mientras ella estallaba en carcajadas, la levantó en vilo y la metió dentro de la tina.
-¡Ay! ¡Está fría!
-Vamos, no seas teatrera. El agua está tibia. Ahora quédate quieta que voy a llenar mi vaso.
Cuando regresó ella ya se había acostumbrado a la temperatura del agua. Él cogió el jabón y le restregó el cuerpo sin prisa,haciendo abundante espuma.
-Qué chiquita más cochina... Tienes barro en las orejas. ¿Dónde has estado?
-En el parque, jugando a las escondidas con Tito -explicó ella.
-¿Tito? ¿Quién es ese sujeto? Usted todavía está muy mocosa para andar con novios.
-Tito no es mi novio. Es mi amigo. El chico del piso de abajo.
-¿Muy amigo?
Ella asintió.
-Hum... Eso suena algo sospechoso. Cierra los ojos que tevoy a enjuagar el champú.
-Listo -dijo él, envolviéndola con la toalla-. Ahora sí pareces una niña decente.
-Oye, no me frotes tan fuerte. Me haces daño.
-No seas exagerada. A ver, alza los brazos. Date la vuelta. Hay que secar bien el potito. Otra vuelta. Ahora la cosita, siempre tan meoncita. Cuidado que te resbalas.
Cuando terminó le dio un beso ruidoso en el ombligo y ella soltó ungritito nervioso. Luego la llevó al dormitorio, donde le puso el pijama y la acostó.
-A dormir se ha dicho, jovencita.
Se agachó y la besó en la mejilla.
-Pica tu cara -se quejó ella-. ¿Por qué no te has cortado?
-Afeitado, querrás decir -le corrigió él, palpándose la barba desordenada y copiosa de varios días.
-Pareces un oso feo.
-¿Sí? ¿Tan feo? -dijo él con voz distraída. Luego se incorporó y...
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