Caminando en cartagena

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  • Publicado : 18 de mayo de 2011
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Caminando sin sentido

Caminar alrededor del centro histórico de Cartagena, además de ser una actividad rutinaria para muchos, parece ser la mejor forma de conocerla y vivirla. Nadie puede conocer mejor el centro de esta amurallada ciudad que quién la camina entre sus pequeñas calles y se detiene a mirar los letreros de las esquina para no perderse. Pero son tan parecidas sus calles y sontántos los nombres que las identifican, que a veces sería mejor no detenerse en la esquina a mirar el nombre, porque después de mirarlo, te das cuenta que de nada te ha servido para ubicarte.

Aquel viernes, solo pensaba en el implacable Sol que tendría que soportar al recorrer las viejas calles de centro de la ciudad. Eran las ocho de la mañana, el sol parecía estar molesto conmigo por haberloinsultado tan temprano, y yo no quería salir de mi casa pues creía que todo en el centro era conocido para mí. Por tal razón, no tendría sentido exponerme ante mi implacable y viejo enemigo.

Sin embargo, tomé la buseta hacia el centro de la ciudad y mientras el conductor hablaba por celular, su ayudante me reclamaba pagar el pasaje completo. Cuarenta minutos después, en medio del calor, atiborradoen la parte trasera, derramando gotas de sudor sobre quienes estaban sentados y habiendo cancelado el pasaje completo, pude llegar al sitio de encuentro. Los muchachos estaban listos, la profe también. Todos estábamos bajo el techo de la Universidad.

No sabía cuál era el recorrido, lo único seguro era que no podía escapar de esta nueva aventura sin sentido. Por lo menos, eso era lo que creíaen aquel momento. Todos salimos desprevenidos de la Universidad y solo hasta cuando el Sol nos saludó, nos dimos cuenta de la indefensión y desventaja en la que estábamos frente a él y esta aventura. Él, desde arriba, todo lo podía ver sin necesidad de caminar. Nosotros desde abajo, en principio, solo intentábamos escondernos de su candente y abrasadora amenaza.

La calle de La Moneda no nosofrecía muchas alternativas. Resignados, observamos la dinámica comercial que caracteriza a esta estrecha pero larga calle del centro. Eran muchas las mujeres que transitaban el sector, unas con niños agarrados de sus manos; otras muy apretadas, soltaban sus cabellos con el afán que impone el llegar tarde a la oficina y otras, aparentemente más jóvenes, con sonrisa o amargura, soportaban los piroposde aquellos vendedores que se confunden en medio de la muchedumbre. De todas aquellas personas solo nosotros, parecíamos preocupados por la intensidad y el brillo de mi viejo enemigo. Pero rápido, nos dimos cuenta de lo favorable que era estar abajo, veíamos y escuchábamos lo que aquel Sol no podía.

Caminando hacia la plaza de Bolívar, aquella donde la iglesia promovía sus autos de fé bajo lamirada amenazante del tribunal de la inquisición y donde mucho después se celebraron las primeras corridas de toros de la ciudad, encontré un albergue para menguar la lucha que llevaba perdida hasta ahora. Las sombras de aquellos arboles de la plaza, la pequeña fuente en uno de sus costados y los cientos de palomas volando a su alrededor, me otorgaron una divertida y merecida oportunidad dedescanso. Comencé a respirar tranquilamente y pude ver lo que antes, el Sol, no me dejaba ver.

Las personas llegaban a descansar. Muchos como yo, aprovechaban para escapar del ardiente y reluciente sol y otros, llegaban con el fin de alimentar a las palomas o embolar sus zapatos mientras fumaban un cigarrillo para evitar el estrés de la larga jornada laboral. La estatua de Simón Bolívar, ubicada en elcentro de la plaza, era algo nuevo para mí. Sin embargo, no me sorprendió, era igual a todas las imágenes que he podido ver de aquel libertador. Aproveche la estatua para sentarme a dar de comida a las palomas.

En frente de la estatua y de aquellas palomas, se encontraba aquel sitio donde solo entran los Cartageneros a recibir sus penas. Verdugos altos, blancos y de cabellos claros se...
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