Capitulo 2

Solo disponible en BuenasTareas
  • Páginas : 7 (1664 palabras )
  • Descarga(s) : 0
  • Publicado : 1 de noviembre de 2010
Leer documento completo
Vista previa del texto
Dos
El padre Taos se sentía al borde de las lágrimas. Había vivido muchos momentos tristes, días tristes, incluso semanas tristes, y tal vez un mes triste en alguna etapa del camino. Pero aquél era el peor. Era lo más triste que jamás había visto. En ese instante, se hallaba en el altar del templo de Herere, mirando hacia las filas de bancos de la iglesia. Hoy todo era distinto... Los bancos noestaban como siempre. Deberían ocuparlos los rostros melancólicos de los hermanos de Hubal... En la rara ocasión en que estaban vacíos, le gustaba observar su pulcritud, o el relajante color lila de los asientos. Hoy los bancos no estaban ordenados, ni siquiera eran ya de color lila. Y lo más importante: los hermanos de Hubal no parecían melancólicos. Aquel hedor no era del todo desconocido. Elpadre Taos lo había olido cinco años antes. Le devolvió recuerdos nauseabundos; era el olor de la muerte y la traición, envuelto en una neblina de pólvora. Los bancos ya no estaban cubiertos de cojines lila, estaban cubiertos de sangre. El conjunto era caótico. Y lo peor de todo: los hermanos de Hubal que solían ocuparlos no parecían melancólicos. Estaban todos muertos. Mirando hacia arriba, quincemetros sobre su cabeza, Taos vio sangre goteando del techo. La bóveda de mármol con arco perfecto había sido pintada siglos antes con las hermo17

El libro sin nombre
sas escenas de los ángeles danzando con niños felices y sonrientes. Ahora, los ángeles y los niños estaban manchados con la sangre de los monjes. Hasta sus expresiones habían cambiado. Ya no parecían felices. Sus caras manchadasde sangre expresaban preocupación y tristeza, al igual que el padre Taos. Había unos treinta cuerpos tirados sobre los bancos. Tal vez otros treinta se escondían entre las filas de asientos, o debajo. Sólo un monje había sobrevivido, y ése era Taos. Un hombre armado con una escopeta de dos cañones le había disparado en el estómago. La herida todavía sangraba, pero se curaría. Sus heridas siemprese curaban, aunque las escopetas suelen dejar marca. En su vida había recibido otros dos balazos, ambos cinco años antes, la misma semana, con unos días de diferencia. En la isla de Hubal, habían sobrevivido suficientes monjes para ayudarlo a limpiar el desorden. Sería difícil para ellos, eso lo sabía, sobre todo para quienes habían presenciado, cinco años antes, la última vez que la pólvora llenóel templo con su hedor nauseabundo e impío. Así que Taos dio gracias a Dios cuando dos de sus monjes favoritos, los jóvenes Kyle y Peto, entraron en el templo por el enorme agujero en que se habían convertido las puertas de roble que formaban la entrada. Kyle tenía unos treinta años; Peto no pasaba de la veintena. A primera vista, parecían gemelos, no sólo por su rostro, sino también por susgestos. Eso se debía en parte a que ambos iban vestidos del mismo modo, y en parte porque Kyle había sido el mentor de Peto durante casi diez años. Así que el monje más joven inconscientemente imitaba la naturaleza tensa y demasiado cauta de su amigo. Ambos tenían la piel tersa y aceitunada, y llevaban la cabeza rapada. Usaban mantos naranjas idénticos, como todos los monjes muertos en el templo. Ensu camino hacia el altar, tuvieron que pisar los cadáveres de varios hermanos. A pesar de que a Taos le doliera verlos en esa situación, le consoló el simple hecho de que estuvieran allí. Su ritmo cardíaco se aceleró... Por fin volvía a latir a un ritmo constante.
18

El libro sin nombre
Peto había sido lo bastante considerado para llevarle una pequeña taza con agua. Tuvo cuidado en noderramar nada de camino al altar, pero sus manos temblaban visiblemente mientras contemplaba el caos del templo. Casi se sintió tan aliviado de entregar la taza, como Taos de recibirla. El viejo monje la tomó en ambas manos y empleó toda la fuerza que le quedaba para levantarla hacia sus labios. La frescura del agua en su garganta pareció devolverle la vida. —Gracias, Peto. Y no te preocupes: antes de...
tracking img