Carta abierta al presidente

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Carta abierta a Felipe Calderón
JAVIER SICILIA
2012-07-21 20:47:27 · COMENTARIOS DESACTIVADOS
EDICION MEXICO
Querido señor Presidente:
Le digo querido porque, pese a sus traiciones y desprecios por las víctimas y la nación que ha gobernado, sigo creyendo que un ser humano es más que sus errores y sus equívocos y merece respeto y merece amor. Le digo también querido porque en esta cartaquiero dirigirme al hombre Felipe Calderón y no a la máscara del poder que en su falsedad –toda desproporción es una falsedad– lo distorsiona, y hablarle a su corazón desde la verdad. “La verdad –decía esa gran novelista católico que fue Georges Bernanos– duele, sólo después consuela”. Está a punto de concluir su mandato presidencial. Deja tras de sí una nación llena de osarios, de dolor, de víctimas yde miseria, y la pérdida de confianza que alguna vez el país tuvo en ustedes. No ha querido reconocerlo. La soberbia, que es hija del poder y fuente de todos los pecados, cegó al hombre. Su guerra, Sr. Presidente, aunque lo niegue, es hija de una bovina subordinación de la agenda de seguridad de nuestro país a la agenda de seguridad de Estados Unidos, que en buena parte está fincada en unaestupidez decretada hace 40 años por Richard Nixon: “La guerra contra las drogas”. Las drogas, Sr. Presidente –la historia lo demuestra con la prohibición y la legalización del alcohol en EU– es un asunto de salud pública, de libertades y de controles del mercado y del Estado, jamás un asunto de seguridad nacional. Por eso Obama –quien aunque sabe del absurdo de esta guerra que está poniendo en crisisla democracia internacional, no ha hecho nada por detenerla– lo llamó con fina ironía “Eliot Ness”. Ness, quien al igual que usted quiso, desde un puritanismo policiaco, erradicar a sangre y fuego a las mafias de Chicago, se hundió en la oscuridad y el fracaso cuando Roosevelt, en un acto de profundo republicanismo, legalizó el alcohol para desarticular realmente a las mafias y reducir lacriminalidad y la corrupción que habían aumentado exponencialmente en Estados Unidos con la Ley Seca.
No ha querido reconocer tampoco, como quizá Ness nunca lo entendió –al fin y al cabo no era un político, sino un policía–, que su estrategia de golpear a las cabezas de los cárteles lo único que ha traído es el aumento de la verdadera criminalidad –la trata de personas, las desapariciones, el secuestro yla extorsión–, la atomización de los cárteles en infinidad de células delictivas y una mayor corrupción de los gobiernos y los partidos. El 98 o 95% de impunidad habla de instituciones corrompidas a grados criminales que nos han llevado a las consecuencias de estas elecciones ignominiosas, que abonan la emergencia nacional en la que su guerra nos metió.
Usted, sin embargo, reconoció en losdiálogos que sostuvimos en el Alcázar del Castillo de Chapultepec lo que esa visión puritana y corta, obstinada en la violencia como método, no le había dejado reconocer: la existencia de las víctimas que usted había reducido a un “se están matando entre ellos”, a “algo habrán hecho”, a “bajas colaterales” que se reducían al 1% de los muertos. Un lenguaje que, con el estropajo del eufemismo, es idénticoal que usaron los nazis para justificar el crimen y hacérselo justificar a una nación: “son piojos, son liendres, son ratas, son cerdos”; un discurso que, proviniendo del Estado, que está para resguardar la seguridad de los ciudadanos y perseguir el crimen, es profundamente violatorio de los derechos humanos y absolutamente criminal. Lo vi entonces abrazar conmovido a doña María Herrera –concuatro hijos desaparecidos que el Estado vergonzosamente no ha podido todavía encontrar– y acordar con el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD) tres cosas: la creación de una Procuraduría de Atención a las Víctimas, el compromiso de hacer un memorial en el Bosque de Chapultepec y el de promover una Ley General de Víctimas de la Violencia y del Abuso del Poder. Un poco de alivio para...
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