Cazadores de sombras-city of fallen angels (hasta cap. 8)

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Parte Uno
Ángeles Exterminadores

Hay enfermedades que caminan en la oscuridad; y hay ángeles exterminadores, que vuelan envueltos en las cortinas de la inmaterialidad y una naturaleza sin comunicación, a quienes no podemos ver, pero sentimos su fuerza y nos hundimos bajo su espada.
—Jeremy Taylor, “Un Sermón de Funeral”

1
El Amo
Traducido por Pamee

“Sólo café, por favor.”
Lacamarera arqueó sus cejas dibujadas. “¿No quiere nada para comer?” preguntó. Su acento era marcado, su actitud desilusionada.
Simon Lewis no podía culparla; probablemente ella estaba esperando una mejor propia de la que iba a conseguir con una sola taza de café. Pero no era su culpa que los vampiros no comieran.
A veces, en restaurantes, ordenaba comida de todas formas, sólo para conservar laapariencia de normalidad, pero el martes en la noche, cuando Veselka estaba casi vacío de otros clientes, no parecía valer la pena la molestia. “Sólo el café.”
Con un encogimiento de hombros la camarera cogió su menú laminado y se fue a solicitar su orden. Simon se sentó en la dura silla de plástico del restaurante y miró alrededor. Veselka, un restaurante de la Novena Calle y la Segunda Avenida, erauno de sus sitios favoritos en el Lower East Side—un restaurant de barrio antiguo empapelado con murales blanco y negro, donde dejaban que te sentaras allí todo el día siempre y cuando ordenaras café con un intervalo de media hora. También servían lo que una vez había sido sus favoritos pierogi vegetariano y borscht , pero esos días estaban atrás.
Eran mediados de octubre, y acababan de poner susdecoraciones de Halloween—una señal oscilante que decía ¡TRUCO O BORSCHT! Y un falso vampiro recortado en cartón apodado Conde Blintzula . Hubo una vez en que Simon y Clary habían encontrado hilarantes las cursis decoraciones navideñas, pero el Conde, con sus falsos colmillos y capa negra, no impresionaba a Simon de tan divertido que era, nunca más.
Simon miró hacia la ventana. Era una nochefresca, y el viento soplaba hojas a través de la Segunda Avenida como puñados de confeti tirado. Había una chica caminando por la calle, una chica en un ajustado abrigo con cinturón, con el cabello largo y negro que volaba en el viento. La gente se giraba a mirarla cuando pasaba. Simon había visto a chicas como ella, antes en el pasado, ociosamente preguntándose donde iban, con quien se encontrarían.No chicos como él, lo sabía seguro.
Excepto esta. La campanilla en la puerta frontal del restaurante sonó cuando la puerta se abrió, e Isabelle Lightwood entró. Sonrió cuando vio a Simon, y se acercó a él, encogiéndose de hombros se sacó el abrigo y lo colgó del respaldar de la silla antes de sentarse. Bajo el abrigo estaba usando uno de los que Clary llamaba sus “típicos conjuntos de Isabelle”:un ajustado y corto vestido de terciopelo, medias de red, y botas. Había un cuchillo atrapado en lo alto de su bota izquierda el cual, Simon sabía, él era el único que podía verlo; aún así, todos en el restaurant la estaban observando mientras ella se sentaba, echando el cabello hacia atrás.
Lo que fuera que estuviera usando, Isabelle atraía atención como un espectáculo de fuegos artificiales.La hermosa Isabelle Lightwood. Cuando Simon la había conocido, había asumido que ella no tenía tiempo para chicos como él. Resultó estar mayormente en lo correcto. A Isabelle le gustaban los chicos que sus padres desaprobaban, y en su universo eso quería decir Submundos—hadas, hombres lobos, y vampiros.
Que ellos hubieran estado saliendo regularmente durante el último mes o dos, lo asombraba,incluso si su relación estaba limitada mayormente a encuentros poco frecuentes como este. Y no podía evitar preguntarse, si nunca hubiera cambiado a vampiro, si su vida entera no se hubiera alterado en ese momento, ¿estarían saliendo en absoluto?
Ella metió un mechón de cabello detrás de su oreja, su sonrisa brillante. “Te ves bien.”
Simon lanzó una mirada hacia si mismo en la superficie...
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