Conclucoones

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Michel Foucault -TECNOLOGÍAS DEL YO, Paidós,Barcelona, 1990, pp. 45-94.] I


Cuando comencé a estudiar las reglas, deberes, y prohibiciones de la sexualidad, los impedimentos y las restricciones con que estaba relacionada, mi objetivo no eran simplemente los actos permitidos y prohibidos, sino los sentimientos representados, lospensamientos, los deseos que pudieran ser experimentados, los impulsos que llevaban a buscar dentro de sí cualquier sentimiento oculto, cualquier movimiento del alma, cualquier deseo disfrazado bajo formas ilusorias. Existe una diferencia significativa entre las prohibiciones sobre la sexualidad y las demás prohibiciones. A diferencia de lo que ocurre con otras prohibiciones, las prohibiciones sexualesestán continuamente relacionadas con la obligación de decir la verdad sobre sí mismo.

Se pueden objetar dos hechos: el primero es que la confesión desempeñó un papel importante en las instituciones penales y religiosas en todo tipo de faltas, no sólo en las referidas al sexo. Pero la tarea de analizar el propio deseo sexual siempre es más importante que la de analizar cualquier otro tipo depecado.También soy consciente de la segunda objeción: la conducta sexual, más que cualquier otra,
estaba sometida a reglas muy estrictas de secreto, decencia y modestia, de tal modo que la sexualidad se relaciona de una forma extraña y compleja, a la vez con la prohibición verbal y con la obligación de decir la verdad, así como con el hecho de esconder lo que se hace y con el descifrar lo que unoes.

La asociación de la prohibición y de la fuerte incitación a hablar es un rasgo constante de nuestra cultura. El tema de la renuncia a la carne estaba ligado al de la confesión del monje al abad, y a la necesidad de informarle de todo lo que se le ocurría.
Llegué a concebir un proyecto bastante curioso: no se trataba de estudiar la evolución de la conducta sexual, sino la proyección de unahistoria de las relaciones entre la obligación de decir la verdad y las prohibiciones sobre la sexualidad. Mi pregunta era: ¿cómo se obligó al sujeto a descifrarse a sí mismo respecto a lo que estaba prohibido? Es una pregunta sobre la relación en- tre el ascetismo y la verdad.
Max Weber dejó planteada la pregunta: si uno quiere conducirse racionalmente y regular su
acción de acuerdo conprincipios verdaderos, ¿a qué parte de su yo debe uno renunciar? ¿Cuál
es el ascético precio de la razón? ¿A qué tipo de ascetismo debe uno someterse? Yo planteo la
pregunta opuesta: ¿de qué forma han requerido algunas prohibiciones el precio de cierto conoci-
miento de sí mismo? ¿Qué es lo que uno debe ser capaz de saber sobre sí para desear renunciar
a algo?

Así llegué a la hermenéutica de lastecnologías del yo en las costumbres del paganismo y
del cristianismo primitivo. Encontré ciertas dificultades en este estudio porque estas prácticas no
son bien conocidas. En primer lugar, el cristianismo siempre se ha interesado más por la historia
de sus creencias que por la historia de sus prácticas. En segundo lugar, tal hermenéutica jamás
se organizó en un cuerpo de doctrina como el delas hermenéuticas textuales. Tercero, la herme-
néutica del yo ha sido a menudo confundida con teologías del alma: concupiscencia, pecado y
envilecimiento. Cuarto, la hermenéutica del yo ha sido difundida en la cultura occidental a tra-
vés de numerosos canales e integrada en varios tipos de actitudes y experiencias; se hace, por lo
tanto, difícil aislarla y separarla de nuestras propiasexperiencias espontáneas.

Contexto de estudio Mi objetivo, desde hace más de veinticinco años, ha sido el de trazar una historia de las di- ferentes maneras en que, en nuestra cultura, los hombres han desarrollado un saber acerca de sí mismos: economía, biología, psiquiatría, medicina y penología. El punto principal no consiste en aceptar este saber como un valor dado, sino en analizar estas...
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