Condesa

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  • Publicado : 14 de febrero de 2012
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aprisionados en los mitones de encaje, pasaban lentamente las cuentas de un rosario traído de
Jerusalén. Largos y penetrantes alaridos llegaban al salón desde el fondo misterioso del palacio:agitaban la oscuridad, palpitaban en el silencio como las alas del murciélago Lucifer... Fray Ángel
se santiguó:
--¡Válgame Dios! ¿Sin duda el Demonio continúa martirizando a la Señorita Beatriz? LaCondesa puso fin a su rezo, santiguándose con el crucifijo del rosario, y suspiró:
¡Pobre hija mía! El Demonio la tiene poseída. A mí me da espanto oírla gritar, verla retorcerse
como una salamandra enel fuego... Me han hablado de una saludadora que hay en Celtigos. Será
necesario llamarla. Cuentan que hace verdaderos milagros. Fray Ángel, indeciso, movía la
tonsurada cabeza: --Sí que los hace,pero lleva, veinte años encamada.
--Se manda el coche, Fray Ángel.
--Imposible por esos caminos, señora.
--Se la trae en silla de manos.
--Únicamente. ¡Pero es difícil, muy difícil! La saludadorapasa del siglo... Es una reliquia...
Viendo pensativa a la Condesa, el capellán guardó silencio: era un viejo de ojos
enfoscados y perfil aguileño, inmóvil como tallado en granito. Recordaba esosobispos guerreros
que en las catedrales duermen o rezan a la sombra de un arco sepulcral. Fray Ángel había sido uno
de aquellos cabecillas tonsurados que robaban la plata de sus iglesias para acudir ensocorro de la
facción. Años después, ya terminada la guerra, aún seguía aplicando su misa por el alma de
Zumalacárregui. La dama, con las manos en cruz, suspiraba. Los gritos de Beatriz llegaban alsalón en ráfagas de loco y rabioso ulular. El rosario temblaba entre los dedos pálidos de la
Condesa, que, sollozante, musitaba casi sin voz:
--¡Pobre hija! ¡Pobre hija! Fray Ángel preguntó: --¿Noestará sola? La Condesa cerró los ojos lentamente al mismo tiempo que, con un ademán lleno de cansancio, reclinaba la cabeza en los cojines del canapé: --Está con mi tía la Generala y con el Señor...
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