Cronica abuelitos

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Quitando barreras.
Por: Camila Mejía Vanegas
Nunca había visitado abuelitos que no fueras los míos, de hecho, cuando era una niña mi mamá me había acostumbrado a ir cada domingo a visitarlos en su casa, que se ubicaba al sur de Bogotá. Desde el sábado le decía que nos fuéramos de paseo donde mis abues, porque eso para mí era lejos, pero sobre todo, lo que más me gustaba ver era los lugaresque me empezaban a generar la emoción porque estábamos cerca, lugares por los cuales paso hoy y me embarga esa misma sensación, pasábamos el parque el salitre, luego una fábrica de chocolates, donde mi mamá me recordaba que cuando estaba embarazada de mí, siempre le daban nauseas sentir ese olor; pasábamos por IMUSA y ahí ya estábamos a dos cuadras. Cuando llegábamos mi abuelo siempre estaba sentadoen una mecedora afuera de su tienda mirando a la gente pasar y yo corría a darle un fuerte abrazo, porque para mí, él era un súper héroe, luego de todos sus accidentes yo era la más feliz de contar que tenía más vidas que un gato; y mi abuela mujer admirable, matrona que hacía funcionar todo lo de su hogar y con 12 hijos era mi modelo a seguir. Conforme pasaba el tiempo las emociones y lasvisitas se iban menguando tanto que la periodicidad se convirtió fue en una opción sin tiempo fijo en el calendario ya que las ocupaciones llenaban cada vez más mi mente y ellos se iban desdibujando de esas prioridades, es más, cuando veía viejitos en la calle, la verdad jamás sentí compasión, ni pesar, simplemente mi cabeza distraída, no los percibía así fuera para generar un sentimiento hacía misabuelos maternos.
Un día, pasaban por casualidad por la facultad de comunicación y Martica me invitó a la convivencia de nuestra facultad, en ese momento pensé: “Yo que voy a ir, a eso solo van las ñoñas y rechazadas” , sinceramente no quería hacer parte de esa fraternidad, pero decidí preguntar más y saber que actividades se hacía y entre ellas me contó la visita a un ancianato que quedaba enSilvania. En fin, luego de dos minutos de explicación me fui para clase, pero me quedó sonando hacer parte de una obra social. Luego de comentar con mis padres y mi novio decidí ir a ver qué pasaba, no perdía nada y ganaba irme desde el jueves, comer rico y dejar un rato el estrés de la universidad, así que pague y me fui a la convivencia. La primera sorpresa me la lleve con el grupo de niñas que seiba subiendo al bus, fui la primera en llegar con una actitud de rechazo, audífonos, libro en mano, comida en mi maleta, todo para estar encerrada en el mágico mundo de Cami Mejía, pero empezaron a subirse niñas que conocía, que eran de una actitud súper chévere y se iba encajando como si yo tuviera que haber estado en ese lugar. Las actividades de la convivencia me permitieron conocer gentehermosa, maravillosa con actitudes que me aportaban para lograr los objetivos, todo iba dando frutos en cuanto a crecimiento personal y de relaciones públicas, pero el momento no trascendía a nadie más, hasta el día que nos contaron que visitaríamos a unos viejitos, pero que eran viejitos muy pobres, que vivían muy humildemente. sinceramente con esas palabras se me vinieron imágenes como de una casacon una sola enfermeras y con lo necesarios, sus cuartos, su ropa, su baño, para mí eso era humildad, ósea, no tenía lujos pero si lo mínimo que uno se alcanza a imaginar. Luego de muchas actividades que hicimos los días anteriores, mi cuerpo estaba un poco cansado, tanto que dudo ir a visitar a los viejitos, pero dije, ¡está bien es tu deber!.Caminamos en medio del sol del medio día, subimos unapendiente de aproximadamente 60 grados y llegamos al lugar. Mi recorrido de asombros empezó por la “puerta” pues no existía puerta, era una entrada que la delimitaban dos palos y unos alambres, luego, un camino entre el pasto, la maleza, el mugre y una cabra amarrada, observé un galpón, ¡sí un galpón! adaptado para ser una casa. En ese momento me frene porque si eso era por fuera, no sé que me...
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