Cuentistas mexicanos

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CUENTISTAS MEXICANOS
AUTORES:
Manuel Payno
Vicente Riva palacio
Juan de Dios Peza
Rafael Delgado
Carlos Díaz Dufoo




Alberto y Teresa
Manuel Payno
I
Agosto 14 de 184 ...
Eran las diez cuando te ví por la última vez. La mañana estaba hermosa. El sol, disipando unas ligeras nieblas que se extendían sobre las praderas como un crespónflotante, se levantaba majestuoso y espléndido por encima de las montañas. Los pájaros cantaban y revolaban gozosos, las flores abrían sus cálices, y las gotas de rocio fulguraban como diamantes en las hojas de los naranjos. El cielo azul radiaba con el oro de los rayos del sol; las flores despedían aromas, y el viento traía a su paso los cánticos de los labradores, el balar de las ovejas, elbramar de los toros, y todos esos mil sonidos halagüeños de la anturaleza, cuando bulliciosa y festiva se aparta de los brazos de la noche para bendecir con su voz sublime a los genios de la luz. Y tú estabas allí, Teresa; tú, que con tu cabello entrelazado con anémona y madreselva, con tus mejillas teñidas por el carmín de la juventud y tu vestido blanco como la nieve, parecías el ángel de lamañana, que con su aliento da perfume a los campos, y con sus pequeños dedor rosados abre las azucenas y los jazmines. Tu aliento, Teresa mía, es más suave que el aroma de las flores; tu voz más melodiosa que el canto de los ruiseñores, y tus ojos más bellos que el cielo azul de mi patria. ¿Tú me has oído decir quién era Rafael? Pues bien, si Rafael te hubiera conocido, habría pintado sus vírgenescopiándote a tí. La mañana estaba espléndida; ¿te acuerdas, Teresa? Me tomaste de la mano y ambos bendijimos a la naturaleza; ambos respiramos el soplo que Dios envía al mundo todas las mañanas; ambos vimos a los colibries, esas flores con alas, chupar la miel de las rosas; ambos ... Cuando el hombre es desgraciado, Teresa mía, vienen como genios maléficos a atormentar su mente los recuerdos de losinstantes de ventura.
Me fue forzoso separarme de tí sin decirte adios, sin recibir tu última mirada, sin estrecharte contra mi corazón, sin encargarte a ti, ángel de la pureza y de candor, que rogaras a Dios mitigara las amarguras de mi alma; porque, créelo, desde el momento en que ví desaparecer ante mis ojos las torres de la ciudad que te vió nacer, toda idea de felicidad y de sosiego ha huido demí. He atravesado maquinalmente muchas llanuras, muchos bosques, muchas montañas; estoy nada más que a sesenta leguas de ti, y sin embargo parece que una eternidad entera nos separa, que el horizonte que tu ves no lo miraría yo en un siglo de camino. Esta idea me oprimía el corazón, el pecho me dolía, y un manantial de lágrimas comprimidas me ahogaba. lloré como llora un niño, como lora una mujer, omás bien dicho, Teresa mía, como se llora cuando se ama. Las lágrimas me han quitado un poco la horrible opresión del corazón; pero después me he puesto a pensar: ¿qué haré yo con los días, con las horas, con los instantes de mi vida? Esta idea me vuelve loco. Decididamente en todas partes voy a encontrar fastidio, y este deseo continuo, irresistible, de asir una felicidad que huye como unasombra delante de nosotros, va a consumir lentamente mi vida. No obstante, Teresa, la esperanza es el final de nuestra vida, y cuya luz nos acompaña hasta la tumba. La esperanza me dice que te volveré a ver pronto, que otra vez vibrará tu voz musical en mis oídos, y aque aún podré dar un casto beso en tu frente de ángel.
Por lo que más quieras en la Tierra, escríbeme. Me parece que te has muerto; otravez creo que te alegrarás de mi ausencia, o que el amor de otro te hará olvidarme. Esta idea es atroz. Perdóname, ángel mío, pero que quieres, el amor es desconfiado y algunas veces hasta ridículo.
Adios, bien mío. Sé felíz y recibe el corazón de tu
Alberto
Agosto de 1844 ...
Teresa adorada: Ocho días he estado devorado de una fiebre ardiente y delirando con tu memoria, recordando en mis...
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