Días difíciles

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DÍAS DIFÍCILES
Autor: Antonio Angel Ferián
DNI 6.123.823
Buenos Aires
Argentina
aferian@clyfer.com.ar
1
“Cambié mi posición y seguí hurgando. Me sentía feliz. ¡Tenía que estar allí!. Raíces... ¡Iba bien!. Más raíces... Se llenaban mis uñas con la tierra y me dolían las extremidades de los dedos. Mis manos estaban sucias de greda y sangre; siempre en cuclillas, seguí arañando yescarbando frenéticamente. Sólo oía el sonido confuso de la tierra raspada y unos chillidos como de amoladoras que soltaban las urracas; sonidos que se iban correspondiendo desde puntos cambiantes. Nada lograba arrancarme de mi empeño. Fue la alarma la que quebró irremediablemente mi encantamiento. Me lavé, me vestí, salí a la calle y tomé un taxi. Esto ocurrió exactamente el miércoles 15 desetiembre de 1993, a las 8 y 25.
- Salta y Pueyrredón, pedí al taxista.
El hombre bajó la banderita roja y el reloj comenzó a marcar un tiempo y espacio, tarifados y diferentes. Cuando concluya este día, seré el que tanto había soñado. Certeza ésta que daba su tono a todos mis sentimientos. Que el mundo era gobernado por mecanismos rutinarios, me pareció evidente. Los taxis llevaban a algúnlado, las escuelas impartían alguna enseñanza, las Iglesias ofrecían algunos rezos, los bancos facilitaban algún tipo de comercio y todos nos movíamos masivamente como en días anteriores, excepto, claro está, en oportunidades raras y casi únicas, como lo era para mí este miércoles. Intenté imaginar un mundo absolutamente sorpresivo... sin causas, ni consecuencias, sin normas, ni culpas...
- ¡Oh!,por favor señor, en la esquina próxima, le dije, mientras buscaba mi billetera.
- Es Laprida, me notificó el hombre.
Cuando descendí, comencé a caminar por la calle Buenos Aires. Me desbordaba la ansiedad, debo confesarlo. Con rapidez, crucé la avenida y avancé por la vereda de los números impares, casi 50 metros. No es habitual que la realidad se encuadre dentro de nuestros proyectos;esto lo sabía desde mi época de viajante de agroquímicos, cuando a los 19 años recorría la provincia de Buenos Aires. Sin embargo, no verla ahí, a las 8.30 de ese miércoles 15, fue mucho más que una sorpresa. Transpuse la avenida. ¿Se habrá arrepentido. ¿Algún sentimiento imponderable me habría impedido percibir adecuadamente la realidad?. Pespuntes de una duda, que comenzó a dibujar en miconciencia un tormento del que ya no me desprendería. Marché resueltamente. El mundo del consumismo centelleaba. Como un potente imán atraía a las gentes que se aproximaban. Luces y colores que cintilaban. Al acercarme, las puertas de vidrio se abrieron al instante favoreciendo mi menor esfuerzo. Dejarse atrapar y consumir, ¿no es esto lo lindo de la vida?, discurrí. ¿Consumir?. Venía porella, ¿no?. Ojos ávidos se abalanzaban sobre las mercaderías. Millares de objetos del bazar cultural que el mundo desarrollado homogeneizaba y ofrecía. Con ellos transformábamos nuestras casas, nuestros gustos; también las tradiciones, hábitos y valores. De los escombros de miles de deseos desechados, surgirían al fin las necesidades que podríamos satisfacer. Los que quedaban fuera, eran los"ciudadanos de baja intensidad", los marginales, franja que crecía en cantidad y en exclusión. Cuando ingresé, percibí el rumor esfumino como de una colmena, remedo de un potente y moderno motor, ansioso, que jamás se detendría. Hurgaba con su miradda la oferta transnacional, la pura globalidad, fascinante. Ininterrumpido fluir de muchedumbre, moviendo sus manos como pinzas, extrayendo lo quepodía adquirir. Hortalizas como ramos florales bajo la apropiada y convincente iluminación, variedades de arenques, pescados de agua dulce y salada, carnes de las más exóticas y también comunes especies. Interminable exposición de electrónicos para los más impensables usos, hasta la última novedad en impresoras o autos. Nada que pudiese imaginar, faltaba.
¿Y Alicia?, me repetía cada vez más...
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