De ritos amatorios

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  • Publicado : 7 de septiembre de 2010
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De ritos amatorios

Gabriela Mijangos

Presencio a lo lejos una escenificación de cortejo. Aunque desde donde me encuentro no puedo escuchar lo que dicen, el lenguaje corporal es lo suficientemente explícito. Alberto se encuentra de pie frente a Alma, que está sentada. Cuando se paró frente a ella para hablarle, su cuerpo se enderezó y parecía que su pecho se ensanchaba. No estaba quieto,sino que daba pasitos en todas direcciones, como si intentara rodearla. Sus ojos no se separaban de ella, que también permanecía erguida y sonriente, con el torso un poco inclinado al frente y atenta a lo que él le decía. Con todo, Alberto y Alma juegan un juego, no participan en un rito. Conocen los límites de estos escarceos, satisfacen una necesidad de ser admirados, dentro de ciertas armaduras.No ritualizan, por más que sus cuerpos se empeñen en demostrar lo contrario. La voluntad de establecer un tiempo secreto está ausente. Pura forma vacía, que sin embargo, nutre.

El cortejo

Los ritos de apareamiento, con ser tan complicados entre los humanos, o tal vez por ello, se componen de varias fases, una de las cuales es el cortejo. Mediante estas actitudes se pretende la cercanía peroal mismo tiempo, se busca conseguir una posición favorable respecto a las aptitudes físicas, aunque no estemos conscientes de ello.

El cortejo incluye largas sesiones de conversación frente a frente. Desde el inicio, hay varios síntomas físicos que preparan el cuerpo de cada uno de los participantes: la sangre circula con mayor velocidad, se acelera ligeramente la respiración y se parpadea.Muchas personas pierden el hilo de lo que estaban diciendo cuando hay un contacto ocular directo.

Previo al contacto físico, las personas se tocan a sí mismas, principalmente las mujeres. Una mujer que participa de un cortejo y lo acepta juega con su cabello, busca el contacto visual y se acaricia el cuello o los brazos, que no cruza. Adelanta el torso y endereza la espalda. Adelanta las manos sitocar al otro, pero su intención denota si disposición a acariciar y a ser tocada.

Un hombre que pretende impresionar en estos primeros intercambios también busca el contacto visual, aunque de manera más intermitente. Su postura se mejora y se concentra en sus palabras. Sus manos tenderán a buscar algún objeto con el qué jugar mientras habla. Se concentrará en la persona que tiene enfrente yperderá detalles de lo que pasa a su alrededor.

Ambos están dispuestos a sentirse maravillados por el otro, porque la admiración es una condición necesaria para lograr el interés. Poco a poco, van acercando sus cuerpos, como si formaran una esfera, desde la que se aíslan del mundo exterior. Comienzan a crear un tiempo y un espacio que son ajenos a la cotidianeidad. Al fin, se tocan.

La otredadRespecto a esta transmutación exterior, Barhtes señala que el amante “se agita en un deporte un poco loco, se prodiga, como el atleta; articula, como el orador; se ve captado, congelado en un papel, como una estatua”[1]. Por supuesto, al lingüista no le interesa en este caso sino el código. Nosotros hablamos de la construcción de un tiempo y un espacio que producen y recrean una mística que lesresulta precisa, incluso, para recrear este código, refuncionalizarlo y suponerlo territorio virgen dentro del conocimiento humano.

Como cada vez que nos enamoramos es la primera vez, así hay que pasar cada vez por los rituales de madurez y sufrir las pruebas que hagan del conocimiento, en este caso no del grupo sino del otro, la disposición y capacidad de ser amado por él, a partir del ritualque nos presenta frente a él como dignos, por superar las interdicciones y las pruebas que hacen más apetecible el convertirse en objeto del deseo de ese otro.

¿Qué es lo que transforma la necesidad humana del contacto en un ritual que pretende alcanzar el amor? ¿Por qué entre todos los cuerpos deseables elegimos uno, sabiendo que en esa elección abandonamos voluntariamente la posibilidad de...
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