Del Freelance

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La prisión de la libertad: el Freelance
Por: María Dolores Montes

Soy joven, pero tampoco estoy en los veintes en los que la emoción es la fuerza que guía nuestras decisiones. Ahora la emoción continúa, pero sopesa más. Estoy en lo que puede considerarse mi segunda temporada en el territorio del freelaceo (así, castellanizado). Mis amigos me preguntan qué se siente estar sin jefes ni horariosde tarjeta inteligente que abre y cierra puertas al tiempo que realiza un registro riguroso de las veces que sales de un área y entras a otra, o de si tardaste más de la cuenta en la hora de la comida.
Llega el día en el que te das cuenta de que estás solo ante una multiplicidad de opciones, tienes que elegir, como el protagonista del cuento de Michael Ende, “La prisión de la libertad”. Todaopción está cargada de temor y esperanza por lo que detrás de ella hay, pero cuál elegir, bajo qué criterio.
A diferencia de cuando se tiene la vida laboral solucionada con un horario, un sueldo, unas prestaciones y la agenda llena de citas que dan la certeza de tener el día estructurado, ser freelance implica ser organizado sin un reloj o un jefe que te lo exija. Levantarse, arreglarse, desayunar,leer, ponerse frente a la computadora y salir a ver la vida. No hay quien haga esa labor por uno. ¿Cuándo inicias y cuándo terminas tu jornada sin que vivas el descontrol absoluto?
En mi primera etapa de freelance a los 24 años nada sabía de esto. Quería escribir, y tenía ya dos años de haber egresado sin haber escrito nada publicable más allá de mis trabajos escolares. Sara, mi amiga yapasionada reportera, me habló sobre una revista en la que colaboraba y buscaban “nuevas plumas”. Fui a ver a la editora y creo que su reciente llegada a esa revista y mi entusiasmo cuasi estudiantil cuadraron al punto de salir de allí con mi primer encargo serio: escribir una biografía (“que sea fluida, rica, nada que ver con las biografías de las papelerías, que se conozca a este líder del pasado sin quesea una cronología, ok?”, dijo la editora) sobre Luis Cabrera. Hoy la leo con ternura y aún me sonrojo al leer mi nombre en “Texto:…”.
Así pasaron dos años antes de que decidiera que necesitaba darle algo de estabilidad a mi carrera. Para entonces ya podía añadir a mi currículum el título de editora de suplementos especiales. Luego vinieron tres años en una editorial donde estaba muy contenta yme había adaptado a la vida cómoda de las cosas resueltas. Fue bueno y tuvo una carga de mucha diversión y aprendizaje, pero entonces, llegó la pregunta que me lanzó a la segunda temporada freelance.
“¿Irías a China conmigo para hacer un proyecto editorial?”, preguntó el que era mi amigo y dos años más tarde se convirtió en mi marido. Dije que sí sin más; faltaba poco más de un año para el eventoque cubriríamos como periodistas. Era enero de 2007.
Contrario a lo que cándidamente pensaba –estaba segura de poder desarrollar el proyecto y seguir siendo editora de tiempo completo y no planteaba límites a lo que era humanamente posible–, el proyecto comenzó a demandar atención y tiempo. Compaginar la oficina y las horas de trabajo extra que implicaba investigar y trazar bocetos de propuestasme obligó a tomar una decisión.
En enero de 2008 el proyecto fue aprobado y con unos cuantos ahorros y toneladas de entusiasmo dejé la editorial para volver al freelance. Esta vez, todo era diferente, había más planeación. Llegué a Beijing una tarde de marzo y en ese momento tomé conciencia de que para ser freelance la emoción sólo era parte de los ingredientes que aderezan el platillo. Cadadecisión había de tomarse rápido y sin posibilidad de regresos, el tiempo apremiaba para dejarse saturar por el lejano Oriente, ahora tan cercano y palpable.
El proyecto se concluyó con más de 88 editoriales publicadas durante 3 meses en diferentes revistas, y la demanda de nuevos retos que mantuvieran encendida la emoción y los ingresos se había convertido en una forma devida.
Cada freelance...
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