Derechos y deberes

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Derechos y deberes,
derechos y responsabilidades

1. Introducción•

Podríamos afirmar que los derechos humanos, con las contradicciones y limitaciones que señalaremos en este documento, se están convirtiendo en un paradigma ético global. Un paradigma que encierra una conquista ética gigantesca: la progresiva conciencia del alcance de los derechos humanos nos ha ayudado a comprender mejor loque significa la dignidad humana. Hoy en día somos más conscientes que nunca del respeto y el cuidado que se merecen todas las personas y los pueblos. Los derechos humanos, en su contexto primario, nacen para proteger a quien sufre. Así, por ejemplo, la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 surge como respuesta y queja ante los desmanes cometidos sobre millones de personas durantela II Guerra Mundial. Esto les otorga un valor inestimable.

Sin embargo, nuestro contexto cultural occidental presenta una serie de dinámicas que pueden acabar convirtiendo los derechos humanos en una retórica vacía de contenido, cuando no en una excusa para reclamaciones insolidarias. En el siguiente apartado contamos con un diagnóstico de nuestro tiempo que muestra algunas de estaspeligrosas dinámicas.

2. Un diagnóstico de nuestro tiempo

Vivimos en una sociedad que, pese a invocar cada vez con más frecuencia términos como justicia y solidaridad, está atravesada por un profundo individualismo que diluye el sentimiento de responsabilidad por los demás y en el que cada persona mira, en primer lugar, por sí misma.

Esto va unido al hecho de que nuestras pertenencias se hanvisto debilitadas, o, cuando existen, tienden a separar radicalmente el “nosotros” de “los otros”. Es decir, en muchos casos estas pertenencias son excluyentes. Esa forma exclusivista de comprender el “nosotros” enfría nuestras responsabilidades más allá de nuestro entorno afectivo y cercano. Convierte nuestras solidaridades en “solidaridades cerradas”. Este proceso de debilitamiento de lapertenencia por un lado, y de solidaridad cerrada por otro, hace que se fortalezca la defensa de nuestros derechos para “protegernos de los otros” y también para ampararnos ante unas instituciones sociales con las que no nos identificamos.

Por otro lado, nuestras sociedades del primer mundo están instaladas en la cultura de la satisfacción. La situación generalizada de bienestar que disfrutamos noshace difícil empatizar con las necesidades de quienes sufren más que nosotros, porque no las sentimos en carne propia y porque cuestionan nuestros modos de vida. Vivimos alejados de las realidades de sufrimiento del mundo que sólo asoman en los medios de comunicación. El sufrimiento de los otros no nos toca. Un sufrimiento tan lejano, tan a desmano, sobre el que no puedo hacer nada directamente,provoca hastío y suena a retórica. El propio Estado de bienestar, que es una herramienta indispensable de redistribución y solidaridad en las sociedades occidentales, ha podido favorecer la des–responsabilidad respecto a nuestros semejantes ya que nuestros deberes con ellos recaen única y, a veces exclusivamente, sobre el Estado y las instituciones y no sobre nosotros.

Estos factores, entre otros,han provocado que vivamos con una creciente conciencia de nuestros propios derechos y con un débil sentido de la responsabilidad. Esta tendencia ha aumentado en los últimos años y, son precisamente las generaciones más jóvenes que se encuentran en pleno proceso de socialización las que, de modo especial, resultan influenciadas por estos valores.

Pero este diagnóstico sería demasiadounilateral si no concluyéramos con otra realidad que coexiste con la anterior. Y es que también conservamos la capacidad de indignarnos ante las injusticias que sufren otros y, de movilizarnos ante la desgracia ajena implicándonos en ella. Puede que, debido a que vivimos impregnados en una cultura individualista, no consideremos una obligación entregarnos desinteresadamente a causas justas o que, en...
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