El alfiler

Solo disponible en BuenasTareas
  • Páginas : 6 (1492 palabras )
  • Descarga(s) : 0
  • Publicado : 26 de agosto de 2012
Leer documento completo
Vista previa del texto
El Alfiler

La bestia cayó de bruces, rezumando de dolor y sangre, mientras el jinete, en un santiamén, saltaba a tierra al pie de la escalera monumental de la hacienda de Ticabamba. Por el obeso balcón de cedro asomó la cabeza fosca del hacendado, don Timoteo Mondaraz, interpelando al recién venido, que temblaba.

Era burlona la voz de sochantre del viejo tremendo:

-¿Qué te pasa,Borradito? Te están repiqueteando las choquezuelas...Si no nos comemos aquí a la gente. Habla no más...

El Borradito, llamado así en el valle por su rostro picado de viruelas, asió con desesperada mano el sombrero de jipijapa y quiso explicar tantas cosas a la vez -la desgracia súbita, su galope nocturno de veinte leguas, la orden de llegar en pocas horas aunque reventara la bestia en el camino-, queenmudeció por un minuto. De repente, sin respirar, exhaló su ingenua retahíla:

-Pues le diré a mi amito, que me dijo el niño Conrado que le dijera que anoche mismito agarró y se murió la niña Grimanesa.

Si don Timoteo no sacó el revólver, como siempre que se hallaba conmovido, fue, sin duda, por mandato especial de la Providencia, pero estrujó el brazo del criado, queriendo extirparle mildetalles.

-¿Anoche?... ¿Está muerta?... ¿Grimanesa?...

Algo advirtió quizá en las oscuras explicaciones del Borradito, pues sin decir palabras, rogando que no despertaran a su hija, "la niña Ana María", bajó él mismo a ensillar su mejor "caballo de paso". Momentos después galopaba a la hacienda de su yerno Conrado Basadre, que el año último casara con Grimanesa, la linda y pálida amazona, elmejor partido de todo el valle. Fueron aquellos desposorios una fiesta sin par, con sus fuegos de bengala, sus indias danzantes de camisón morado, sus indias que todavía lloran la muerte de los Incas, ocurrida en siglos remotos, pero revivisciente en la endecha de la raza humillada, como los cantos de Sión en la terquedad sublime de la Biblia. Luego, por los mejores caminos de sementeras, habíadivagado la procesión de santos antiquísimos que ostentaban en el ruedo de velludo carmesí cabezas disecadas de salvajes. Y el matrimonio tan feliz de una linda moza con el simpático y arrogante Conrado Basadre terminaba así... ¡Badajo!...

Hincando las espuelas nazarenas, don Timoteo pensaba, aterrado, en aquel festejo trágico. Quería llegar en cuatro horas a Sincavilca, el antiguo feudo de losBasadres.
En la tarde ya vencida se escuchó otro galope resonante y premioso sobre los cantos rodados de la montaña. Por prudencia, el anciano disparó al aire gritando:
-¿Quién vive?
Refreno su carrera el jinete próximo, y con voz que disimulaba mal su angustia, gritó a su vez:
-¡Amigo! Soy yo, ¿No me conoce?, el administrador de Sincavilca. Voy a buscar cura para el entierro. Estaba tan turbadoel hacendado, que no preguntó por qué corría tanta prisa el llamar al cura si Grimanesa estaba muerte y por qué razón no se hallaba en la hacienda al capellán. Dijo adiós con la mano y estimuló a su cabalgadura, que arrancó a galopar con el flanco lleno de sangre.
Desde el inmenso portalón que clausuraba el patio de la hacienda, aquel silencio acongojaba. Hasta los perros, enmudecidos, olfateabanla muerte. En la casa colonial, las grandes puertas claveteadas de plata ostentaban ya crespones en forma de cruz. Don Timoteo atravesó los grandes salones desiertos, sin quitarse las espuelas nazarenas, hasta llegar a la alcoba de la muerta, en donde sollozaba Conrado Basadre. Con voz empañada por el llanto, rogó el viejo a su yerno que lo dejara solo un momento. Y cuando hubo cerrado la puertacon sus manos, rugió su dolor durante horas, insultando a los santos, llamando a Grimanesa por su nombre, besando la mano inanimada, que volvía a caer sobre las sábanas, entre jazmines del Cabo y alhelíes. Seria y ceñuda por primera vez, reposaba Grimanesa como una santa, con las trenzas ocultas en la corneta de las carmelitas y el lindo talle prisionero en el hábito, según la costumbre...
tracking img