El castillo en la niebla

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CAPÍTULO 01: Ni amor ni tristeza.

-Iusa, ¿estás enamorada?
-No, señor.
-¿Y triste?
-Tampoco.
-Tu hermano ha desaparecido...
-Mi hermano era un Maldito.
-Sí... Lo sé... Pero hasta a los Malditos se les puede tener afecto... Tan semejantes son a nosotros, los bendecidos de Dios...
-Yo nunca se lo tuve, señor, porque no me enseñaron a tenérselo.
-Bien enseñado está. Ciertamente, haceshonor a tu estirpe. Pero Iusa, ¿sabes por qué estás aquí?
-Me han traído mis padres.
-Les inquieta tu comportamiento. Dicen que por la noche te escapas de casa, que te gusta andar sola por los bosques, que no les acompañas a los rituales, que asistes todos los días al paso de los Únicos... Ninguna chica de tu edad tiene ese comportamiento, a menos que esté triste o enamorada.
-Puesni una cosa ni otra.
-¿Y por qué lo haces? ¿Por qué te escapas? ¿Por qué te internas sola en los bosques? ¿Por qué no cumples con el ritual?
-Pero veo a los Únicos...
-¿Y puedes mirar continuamente al sol? No, porque se te quemaría la vista. Los Únicos, Iusa, son seres sagrados y nuestros ojos no son dignos de contemplar diariamente su belleza, aunque ellos, bondadosos hasta el infinito, nos laofrezcan. Tú eres muy joven y no lo entiendes, pero ya que aprendiste de tus padres a despreciar al Maldito, sin entender las razones, aprende también de ellos el respeto y la humillación debida.

Tsiaa, el jefe del poblado, no pronunció estas palabras con el tono autoritario que parecía reclamar el asunto sino, más bien, como quien recita un fragmento de memoria, uniendo a loexhortativo de las palabras lo burocrático de las formas. Con cuatro largos pasos recorría, una y otra vez, la extensión de la cabaña, como un león remarcando inconscientemente su dominio. No en vano allí estaban los libros, de los que era guardián. No en vano allí estaban sus armas, jamás utilizadas. Aquella choza de madera y paja contenía, en fin, todas las justificaciones de su poder indiscutidoy que abarcaba no sólo lo material sino también lo espiritual, árbitro en la aldea y mediador con los dioses. Iusa, en pie junto a la puerta, prestaba toda la atención de la que es capaz una niña de nueve años, que por otra parte no suele ser demasiada. De hecho, más que en sus frases Iusa se fijaba en Tsiaa, en sus ojos rasgados y atentos, en su boca rugosa y descolorida o ensus manos que, moviéndose continuamente, querían ser, sin conseguirlo, una extensión de su oratoria. Todo esto, sumado a la desfachatez de la cota plumífera que portaba el jefe del poblado, hacía que más que tigre dominador, a Iusa le pareciese un loro enjaulado.

-No nos bastamos –continuó el loro-. No nos es suficiente tener dos ojos, dos brazos, dos piernas... Porque para el mundo, para esasbestias que acechan en la sombra y de las que no te cuidas, Iusa, seremos siempre tuertos, mancos y cojos. Por eso nos necesitamos y por eso convivimos. Nuestra fortaleza, nuestro poder, radica en permanecer siempre unidos. Desde que Ai-Tsiaa, mi querido abuelo, fundó esta aldea hemos subsistido victoriosos y ahora que se acercan días complicados por la huída del Maldito, que harepudiado su precisa inmolación, es necesario que redoblemos nuestra unidad y que nuestra voz, como la de los Únicos, sea una sola. ¿Lo entiendes?
La niña asintió con la cabeza.

-Esta noche quiero que vayas al ritual y que participes en él. De esa manera consolarás a tu madre, ayudarás a la aldea y honrarás a los Únicos como se merecen y a Dios a través de ellos.

Talos era un poblado dequince cabañas, catorce de las cuales orbitaban alrededor de un pequeño descampado circular cuyo centro, más bien aproximado que geométrico, lo formaba la casa del jefe y un abedul de veinte metros, que hacía las veces de receptáculo espiritual de ritos y oraciones. En aquellos momentos, mientras Iusa escuchaba el discurso de Tsiaa, sus padres yacían postrados ante el árbol sagrado, a cuyas...
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