El cristiano atahualpa

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El cristiano Atahualpa en el teatro virreinal peruano *

* Los dramas ha estudiarse tienen sus orígenes en el Virreinato, aunque las fechas de composición o representación sean todavía materia de investigaciones inconclusas.

Sumilla
El presente trabajo postula una inicial hipótesis: el Inca Atahualpa al aceptar el bautizo cristiano a la hora de su muerte, encarna una aculturaciónantagónica. Posteriormente, persigue una pregunta hasta el final, asediando conceptos como orfandad y mestizaje: ¿En el teatro virreinal peruano imperó la imagen de un cristiano Atahualpa coherente y poderoso en sus creencias, cuando fue acogido como personaje ficcional?

Juan Manuel Chávez (Lima, 1976)

Cursa actualmente el último ciclo de la especialidad de Literatura en la Universidad Nacional Mayorde San Marcos
Ha obtenido premios en los concursos de ensayo organizados por su universidad, tanto en el rubro de Ensayo Interpretativo, en el año 2002, como en los Juegos Florales 2003 con el trabajo “Un camaleón entre dos espejos. Lima en multicolor”. Además, alcanzó con el cuento “Sin cobijo en Palomares” el Premio Copé de Plata del año 2002, otorgado por Petróleos del Perú. Colaborador enrevistas literarias del medio y asiduo ponente en eventos nacionales y extranjeros, es también conductor del programa de arte y cultura La Divina Comedia, que se trasmite por 11.60 Radio Noticias. Recientemente, logró con su novela La derrota de Pallardelle, la primera mención honrosa del Concurso Nacional de Novela Federico Villareal 2003.
el cristiano atahualpa en el teatro virreinal peruano

IEn una tarde que se hacía noche, Atahualpa caminaba hacia una picota enclavada sobre la tierra; ahí fue amarrado como un animal, sujeto su cuello, su cintura y sus tobillos. En torno a sus pies, uno a uno fueron reuniéndose los leños que servirían de combustible al fuego que consumiría su cuerpo en negación a lo más íntimo de su creencia.
Atrás había quedado ya su colosal comitiva, losdespropósitos del fraile, aquellos gritos de trueno y cencerros, su litera temblando, la captura, el inicio de su prisión; atrás, pues ahora era tiempo de evadir la resignación. Pretexto para todo el protocolo que se disponía a su alrededor, no esperaría hasta convertirse en espectáculo. Solicitó de inmediato la presencia del indio ladino que servía de intérprete a sus captores. Con un par depalabras le bastó a Felipillo traducir que el señor no aceptaba ser quemado. “Es la forma de muerte que merece el infiel”, explicaría el fraile, como si su sentencia escueta fuera suficiente. En su lengua escuchó Atahualpa cuanto necesitaba para decidirse a indicar que sería cristiano. Fray Valverde encontró en los ojos del Capitán General el consentimiento esperado para realizar el ritual religiosodel agua sobre la frente y el nuevo nombre para el nuevo espíritu. “Mi nombre es Juan, ese es mi nombre para morir”, de seguro habría expresado el Inca si bien supiera hablar en lengua de Castilla.
Los leños fueron echados a patadas de los pies del Inca; desatado, tal vez pensó que la libertad le llegaba con aquel compromiso de urgencia, pero su sorpresa no paró hasta confundirse con suúltimo suspiro, al morir cristianamente por la presión de una soga que agarrotó su cuello, tensada desde un palo agujereado, cumpliendo con la muerte al garrote que merecían sus delitos enumerados sin aspaviento ante la ley de España en papel rubricado, la madrugada anterior a ese veintiséis de Julio de mil quinientos treinta y tres, en el juicio sumario que decretó su fin por los cargos de tiranía,usurpación, regicidio, fratricidio, genocidio, homicidio, poligamia, incesto, traición, idolatría y herejía.
Para no desairar a la justicia castrense, los verdugos concibieron prender fuego a la cabellera de Atahualpa, convirtiendo en ceniza sus largas mechas ante el alarido de la muchedumbre indígena que observaba estupefacta, incrédula, dándole fin al episodio.
Cada cronista...
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