El hombre que…

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09/01/2011

El Malpensante.com ||Artículos

El hombre que reescribía a Carver
Alessandro Baricco ¿Hasta dónde llega el poder de un editor? La actual disputa legal entre la viuda de Raymond Carver y la editorial Knopf renueva la pregunta. Una vez más la sombra de Gordon Lish planea sobre los primeros libros del cuentista norteamericano.

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Invitado Festival Malpensante2009 Todo empezó en agosto de 1999. Compré el New York Times y en la portada del Magazine me topé con un bellísimo retrato de Raymond Carver. Ojos fijos en el objetivo y expresión impenetrable, exactamente como sus cuentos. Abrí la revista y encontré un largo artículo firmado por D. T. Max. Decía cosas curiosas. Decía que desde hace varios años circula un rumor a propósito de Carver: que susmemorables cuentos no los escribió él; los escribía, pero su editor los corregía radicalmente haciéndolos casi irreconocibles. El artículo decía que este editor se llamaba Gordon Lish, más bien se llama, porque todavía vive, aunque de esa historia no hable con gusto. Luego el articulista dice que tuvo la curiosidad de saber qué había de verdad en esta especie de leyenda metropolitana. Así que fue aBloomington a visitar una biblioteca a la cual Gordon Lish había vendido todas las cartas y los escritos a máquina de Carver en los que estaban incluidas sus correcciones. Fue y revisó. Y se quedó pasmado. De una manera muy americana, tomó uno de los libros de Carver (De qué hablamos cuando hablamos de amor) e hizo cuentas. Resultado: en su trabajo de editor, Gordon Lish había eliminado casi elcincuenta por ciento del texto original de Carver y había cambiado el final a diez de trece cuentos. ¿Nada mal, verdad? Puesto que Carver no es un escritor cualquiera, sino uno de los máximos modelos literarios de los últimos veinte años, pensé que había una historia que aclarar. Y dado que en los periódicos se escribe más lo que es bonito para leer y mucho menos lo que realmente acontece, pensé quehabía sólo un modo de averiguarlo. Ir y cerciorarse. Así que fui e investigué. Bloomington realmente existe, es una pequeña ciudad universitaria perdida en medio de kilómetros de trigo y silos. Muchos estudiantes y, en el cine, Benigni. Todo normal. También la biblioteca existe. Se llama Lilly Library y está especializada en manuscritos, primeras ediciones y otros preciosísimos objetos fetichistas deeste tipo. Si estuvieras en Europa deberías dejar como rehén a un pariente, entregar kilos de cartas de presentación, y esperar con paciencia. Pero allí es Norteamérica. Das un documento, te sonríen, te explican el reglamento y te desean buen trabajo (en casos como éstos yo oscilo entre dos pensamientos: «Son así y sin embargo matan a la gente en la silla eléctrica» y «Son así y por eso matan a lagente en la silla eléctrica»). Me senté, pedí el archivo Gordon Lish y me llegó una enorme caja para mudanzas, llena de fólders muy ordenados. En cada fólder, un cuento de Carver: el escrito original con las correcciones de Gordon Lish. Con las condiciones de no usar bolígrafo, de tener los codos sobre la mesa y pasar las páginas una por una, podía tocar y mirar. Formidable. Me fui directo al másbello (en mi opinión) de los cuentos de Carver: «Diles a las mujeres que salimos». Un artilugio casi perfecto. Una lección. Tomé el fólder, lo abrí. Me repetí que debía tener los codos sobre la mesa, e inicié la lectura.
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09/01/2011

El Malpensante.com || El hombre que…

Cosa de no creerse, amigos. Ese cuento lo escogió Altman para sus Short Cuts.También le gustaba a él. Ocho paginitas y una trama muy sencilla. Están Bill y Jerry, amigos de corazón desde la primaria. De los que compran un coche entre los dos y se enamoran de la misma muchacha. Crecen. Bill se casa. Jerry se casa. Nacen niños. Bill trabaja en el ramo de la gran distribución. Jerry es subdirector de un supermercado. El domingo todos van a casa de Jerry, que tiene una...
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