El poder de la mentira

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EL PODER DE LA MENTIRA
por Mario Vargas Llosa
' ' LAS COSAS NO son como las vemos
sino como las recordamos”, escribió
Valle-Inclán. Se refería sin duda
a cómo son las cosas en la literatura,
irrealidad a la que el poder de persuasión
del buen escritor y la credulidad
del buen lector confieren una precaria
realidad.
Para casi todos los escritores, la memoria
es el punto de partida de lafantasía,
el trampolín que dispara la imaginación
en su vuelo impredecible hacia
la ficción. Recuerdos e invenciones
se mezclan en la literatura de creación
de manera a menudo inextricable para
el propio autor, quien, aunque pretenda
lo contrario, sabe que la recuperación
del tiempo perdido que pueda
llevar a cabo la literatura es siempre
un simulacro, una ficción en la que lorecordado se disuelve en lo soñado
y viceversa.
Por eso la literatura es el reino por excelencia
de la ambigüedad. Sus verdades
son siempre subjetivas, verdades
a medias, relativas, verdades literarias
que con frecuencia constituyen inexactitudes
flagrantes o mentiras históricas.
Vuelta 130 / Septiembre de 1987
Aunque la cinematográfica batalla de
Waterloo que aparece en Los Miserables
nosexalte, sabemos que esa fue
un contienda que libró y ganó Victor
Hugo y no la que perdió Napoleón. 0
-para citar un libro valenciano, ya que
estamos en Valencia-, la conquista
de Inglaterra por los árabes que describe
el Tirant lo Blanc es totalmente
convincente y nadie se atreveria a negarle
verosimilitud con el mezquino argumento
de que en la historia real
jamás un ejército árabe atravesóel Canal
de la Mancha.
La recomposición del pasado que
opera la literatura es casi siempre falaz
juzgada en términos de objetividad
histórica. La verdad literaria es una y
otra la verdad histórica. Pero, aunque
esté repleta de mentiras -0, más bien,
por ello mismo - la literatura cuenta la
historia que la historia que escriben los
historiadores no sabe ni puede contar.
Porque laliteratura no miente gratuitamente.
Sus fraudes, embaucos, exageraciones,
sirven para expresar verdades
profundas e inquietantes que sólo de
esta manera sesgada ven la luz.
Cuando Johannot Martorell nos
cuenta en el Tirant lo Blanc que la Princesa
Carmesina era tan blanca que se
veía pasar el vino por su garganta nos
dice algo técnicamente imposible y
que, sin embargo, bajo el hechizo de lalectura, nos parece una verdad inmarcesible,
porque en la realidad fingida de
la novela, a diferencia de lo que ocurre
en la nuestra, el exceso no es jamás la
excepción, siempre la regla. Y nada-es
excesivo si todo lo es. En el Tirant lo
son sus combates apocalípticos, de
puntilloso ritual, y las proezas del héroe
que, solo, derrota a muchedumbres
y devasta literalmente a media Cristiandady a todo el Islam. Lo son sus cómicos
rituales como los de ese personaje,
pío y libidinoso, que besa a las mujeres
en la boca tres veces en homenaje
a la Santísima Trinidad. Y es siempre
excesivo, igual que la guerra, el amor,
que suele tener también consecuencias
cataclísmicas. Así, Tirante, cuando ve
por primera vez, en la penumbra de una
cámara funeral, los pechos turgentes
de laPrincesa Carmesina entra en estado
poco menos que cataléptico y permanece
derrumbado en una cama sin
dormir ni comer ni articular palabra varios
días. Cuando, al fin, se recupera es
como si estuviera aprendiendo de nuevo
a hablar. Su primer balbuceo es:
“Yo amo”.
Esas mentiras no delatan lo que eran
los valencianos de fines del siglo XV sino
lo que hubieran querido ser y hacer;
no dibujana los seres de carne y hueso
de ese tiempo tremebundo sino a
sus fantasmas. Materializan sus apetitos,
sus miedos, sus deseos, sus rencores.
En una ficción lograda se encarna
la subjetividad de una época y por
eso las novelas, aunque, cotejadas con
la historia, mientan, nos comunican
unas verdades huidizas y evanescentes
que escapan siempre a los descriptores
científicos de la...
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