"El tercer disparo" de luis herrero

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Luis Herrero

El tercer disparo
© Luis Herrero-Tejedor Algar, 2009
© La Esfera de los Libros, S. L., 2009
Avenida de Alfonso XIII, 1, bajos
28002 Madrid
Tel.: 91 296 02 00 • Fax: 91 296 02 06
www.esferalibros.com
ISBN: 978-84-9734-809-6
Depósito legal: M. 6041-2009
Composición: Pacmer, S. A.
Impresión: Huertas
Encuadernación: Huertas
Impreso en España-Printed in Spain

A mi hijoLuis, que casi siempre tiene la frente arrugada.
A Macarena Lora, por sus valiosas aportaciones.
A Marta Galindo, por su buen ojo crítico.
A Berenice Galaz y Aránzazu Sumalla, por su estímulo a la hora de arrancar.
Nota




Muchos de los sucesos narrados en esta novela están basados en hechos reales, aunque éstos sucedieron en contextos muy di¬ferentes y con intervalos de tiempo distantesentre sí. Cualquier parecido con el decurso de la historia es pura coincidencia. Los personajes son fruto de la imaginación del autor.
VIERNES
I
Cerca de Ávila, 19.30




Un destello de luz, tan blanco como el colmillo de una fiera, inundó repentinamente la bóveda del cielo. Un poderoso brami¬do brotó de la luz, para aliviar parte de la ira de la que estaba po¬seída, y fue tan grande suestrépito que, por un instante, pareció que se resquebrajaba el orbe entero de la tierra. Durante unos segundos, las ramificaciones eléctricas de una enorme grieta de plata, con ligeros brillos azules, trataron de cauterizar la vaporosa oscuridad del firmamento. Cuando el relámpago se reflejó en el fuselaje metálico del pequeño avión Fairchild Merlin IV, el pilo¬to ya trataba desesperadamente dealejarse del ojo de la tormenta.
—¡La madre que la parió! —exclamó antes de volver a pulsar el intercomunicador de su equipo de radio—. Atención, torre de control: solicitud de virar veinte grados a la izquierda para evitar cumulonimbos. Tormenta con gran aparato eléctrico. Repito: tormenta de gran intensidad. Turbulencia y engelamiento por encima del nivel.
La respuesta llegó a los pocos segundos,entre débiles inter¬ferencias acústicas, a través de un altavoz empotrado en el panel de mandos.
—Maniobra autorizada.
—Recibido —dijo el piloto sin arquear ni un milímetro las cejas, tan densas y negras como el carbón. Los auriculares de los cascos ensanchaban el perfil de su cabeza, que de otro modo hubiera sido más afilado. Tenía la nariz tan corta que había terreno libre, entre ella y lacomisura del labio superior, para un bigote prominente que, sin embargo, brillaba por su ausencia. En su lugar, ligeras gotas de sudor centelleaban al roce de la luz.
—¿Hay que preocuparse? —preguntó desde la primera fila del pasaje Manuel Romero, ex presidente del Gobierno y actual jefe de la oposición, con la voz más neutra que fue capaz de pro¬yectar su garganta.
—¡Soplen vientos, y agrietensus mejillas! ¡Soplen con furia! ¡Broten cataratas y huracanes! ¡Que se escuche el es¬truendo de vuestras barrigas llenas! —recitó el piloto, a pleno pulmón, para hacerse escuchar desde la cabina de mando, cuya puerta estaba abierta de par en par.
—Y eso, ¿qué coño quiere decir? —preguntó el político con incipiente cara de malas pulgas.
—Que de momento no hay peligro. Mientras mi cabeza sea capazde recordar los versos de Shakespeare, quédese tranquilo. Eso quiere decir que todo está bajo control.
Todavía no había terminado de decir la última frase cuando el avión, sin previo aviso, hizo el brusco ademán de venirse aba¬jo. Los cuatro pasajeros tuvieron la sensación de que el estóma¬go se les iba a salir por la boca.
—¿Aún es capaz de recordar a Shakespeare? —preguntó Romero, tratando deampararse en el burladero del humor para mantener a raya el miedo que ya pugnaba por quebrantar la en¬tereza de su ánimo.
—Sí —dijo el piloto a través de una sonrisa que no parecía forzada—. Al menos, ese pasaje de El rey Lear, que es el único que me sé de memoria.
—Pero, no acabaremos como Lear, ¿verdad?
—Si quiere que le diga la verdad, no tengo ni la más remo¬ta idea de cómo acabó ese...
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