Fabulas cortas

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Las ranas y su Rey

Hace mucho, muchísimo tiempo, en los días en que el mundo era joven aún, la laguna que existía junto al bosque estaba llena de centenares de ranitas de piel goteada. Corno se habían cansado de su vida en la plácida laguna y ansiaban nuevas diversiones, se reunieron en consejo. Y, ruidosamente, pidieron a Júpiter que ¡es enviara un rey.
Como Júpiter sabía que eran unosanimales estúpidos, sonrió al oir su petición y arrojó un leño a las plácidas aguas.
—He ahí vuestro rey -—dijo,
El chapoteo hizo huir con terror, hacia las riberas, a centenares de animalejos verdes. Durante un día y una noche se ocultaron bajo las grandes hojas de la plantas acuáticas que flotaban en la superficie de la laguna y no quisieran acercarse ni a diez saltos de su flamante monarca.Por fin, la más audaz atisbo desde su escondite. Luego, se acercó cautelosamente y observó al rey. Las demás se aventuraron, también, a salir y nadaron con precaución alrededor del leño flotante.
—Es un rey ridículo —dijo desdeñosamente una de las ranas.
Y cuando todas vieron que el leño nada hacía ni para ayudarlas ni para causarles dificultadas, empezaron a clamar de nuevo, de manera salvaje,para que les dieran otro rey.
Esta vez a Júpiter se le había acabado la paciencia.
—¿Queréis un rey con más vida? —preguntó, severo—. ¡Ahí lo tenéis!
Y al cabo de un instante, llegó una enorme cigüeña, con una reluciente coronna de oro, y comenzó a devorarlas.

El granjero y la cigüeña

El sol llenaba el patio con el temprano resplandor matinal, suave y dorado, que se cernía sobre lavieja granja, y los árboles proyectaban largas sombras a través de los campos donde el trigo maduraba.
Se oyó un portazo, y el granjero salió de la casa. Descorrió el pestillo de la cerca y penetró en el amplio patio. Luego, se acercó a grandes pasos a las redes que había colocado la víspera para atrapar a las grullas que se comían su trigo. Con sorpresa encontró a una cigüeña prendida en la red.Cuando lo vio llegar, el pájaro protestó ruidosamente:
—Soy inocente, buen granjero —alegó—. No soy una grulla y, además, no he tocado tu cereal. Sólo vine con esas aves y ahora me veo atrapada en tu red.
—Todo eso podrá ser muy cierto —respondió con tono severo el granjero—. Pero como ibas en compañía de los ladrones, tendrás que sufrir el castigo que a éstos corresponde.
Y después de estaspalabras, sacó su cuchillo y degolló al pájaro.
"Dime con quién andas y te diré quién eres", fue su sabio comentario.

El ganso que ponía huevos de oro

La muchedumbre se apretujaba contra el puesto del vendedor de huevos en el pequeño mercado pueblerino. Los que estaban del lado exterior se esforzaban en abrirse paso a codazos hacia el centro, mientras que los del frente trataban deacercarse más al mostrador. En muchos kilómetros a la redonda habían oído hablar del maravilloso ganso de plumas blancas que ponía huevos de oro y venían a ver aquello con sus propios ojos. Ahora; el hecho sucedía ante su vista, tal como lo habían descrito. Sobre el mostrador, reluciendo bajo el sol, yacía un hermoso huevo de oro.
Oprimieron su dinero con fuerza, en las manos calientes y sudorosas, ylas elevaron sobre las cabezas de los que estaban delante, gritando que querían comprar un huevo. Pero el comerciante, desesperado ante aquella aglomeración de compradores, sólo podía proveer a un cliente por día. Los demás tenían que esperar. Porque un ganso únicamente puede poner un huevo diario.
Como el codicioso mercader no estaba satisfecho de su asombrosa buena suerte y ansiaba máshuevos, se le ocurrió de pronto una idea espléndida. ¡Mataría al ganso y así en el interior del animal, hallaría todos los huevos de una vez! Entonces, no tendría que esperar para ser rico.
La multitud gritó excitada, cuando supo lo que se proponía hacer el mercader. Éste afiló cuidadosamente su cuchillo y lo hundió en la pechuga del pájaro. La gente contuvo el aliento, mientras miraba surgir la...
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