Gabriel marcel

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Gabriel Marcel

Por José Luis Cañas
Gabriel Marcel es un pensador fascinante para la Humanidad de hoy a cuya biografía íntima me acerqué hace una década bajo el ambicioso título de “filósofo-dramaturgo-y-compositor”[1], en unas páginas muy queridas a las que remito de nuevo al lector.

Lo más valioso de Gabriel Marcel fue el descubrimiento de un modo nuevo de filosofar, un método filosófico,que consiste sencillamente en adoptar ante la realidad una actitud de partici pación personal a través de las experiencias básicas más humanas como el amor, la fidelidad, la esperanza, y otras similares. Actitud catárti ca, sin duda, que requiere abandonar el punto de vista objetivista del problema del “tener-posesión”, para instalarnos comprometidos en el ámbito existencial del misterio del“ser” de los seres personales. Y por aquí descubrimos lo más original de las aportaciones de este filósofo al torrente de la filosofía del siglo XX: el valor trascendente de esas experiencias concretas porque revelan el reducto personal del ser humano, es decir nos ponen en presencia de la persona sin más.

La hermenéutica marceliana sobre el ser personal hemos de situarla en el nivel de realidad quesu autor denominó trascendente, o dicho de otra forma en la trascendencia asociada al ser personal. De la filosofía de Gabriel Marcel en general se han hecho muchas lecturas, algunas de ellas ciertamente originales[2]. Nosotros sostenemos que, desde el punto de vista metodológico, para entenderla fielmente es necesario distinguir en ella con claridad dos niveles de conocimiento: el nivel de lascosas y el nivel de las personas, el nivel “objetivista” y el nivel “trascendente”. El mismo Marcel dijo, a propósito de algunos buenos trabajos de sus críticos, que las expresiones “metodología de lo inverifi cable” de Pietro Prini, “los niveles de la experiencia” de Jeanne Parain-Vial, y “de la existencia al ser” de Rogers Troisfontaines, le parecieron las más afortunadas[3].

Partimos de laconvicción de que la mayoría de los errores de interpretación de su obra proceden de la falta de un análisis cabal de las categorías y esquemas que estructuran esta peculiar hermenéutica personalista, y de los dos niveles entitativos de realidad radicales (cosas y personas) a que responde el uso de tales esquemas y categorías. Es decir, errores de método. Metodológicamente, pues, necesitamosdistinguir en Marcel dos niveles de realidad: el nivel de la existencia personal o de las personas y el nivel de la objetividad o de las cosas objetivables. Confundir estos dos niveles de realidad, ampliamente distintos uno del otro, es cometer un error metodológico de inicio que va a condicionar el desarrollo filosófico posterior de consecuencias prácticas nefastas, porque al final ello siempre equivale areducir a las personas al nivel de los objetos, o dicho de otra forma marceliana a degradar el misterio en problema. De ahí que el trasfondo de nuestra interpretación, igual que el de Marcel, también esté encaminado a deslindar estos dos ámbitos de realidad ampliamente distintos.

La persona no es el más maravilloso objeto del mundo, un objeto al que conoceríamos desde fuera, como espectadores, entre otras cosas porque “yo no soy un mero espectador”, repite Marcel una y otra vez en sus obras: yo no quiero ser un espectador incomprometido con las personas y con el mundo (la circunstancia) que las rodea. La diferencia principal entre las cosas y las personas por tanto es radicalmente una diferencia de modo de realidad. Dicho de otro modo: la persona es un modo propio de ser real que nose confunde con nada. Por eso podemos decir incluso, apropiándonos de la conocida tesis de Vico “verum et factum reciprocantur”, que la persona es la única realidad que podemos conocer, porque la “hacemos” nosotros, cada uno de nosotros la hace, desde dentro de su propio ser.

Si nos fijamos ahora en el contexto histórico filosófico de comienzos del siglo XX, vemos que en aquellos años de...
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