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  • Publicado : 27 de abril de 2011
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Don José María Arguedas nos relata tiernamente el warma kuyay (voz quechua que significa, amor de niño) de Ernesto hacia Justina, una juvenil belleza andina que servía en la hacienda de su tío y quesólo tenía ojos para el Kuto, el mejor novillero del lugar. Ernesto no entendía cómo Justina, con su cara sonrosada, donde se dibujaba unos hermosos labios y unos brillantes ojos negros, podíafijarse en un indio tan feo como el Kuto, de nariz achatada, ojos casi oblicuos y boca ennegrecida por la coca. Justina era alegre y delicada, mientras que el Kuto era tosco, con cara de sapo. Ellacantaba y él dominaba con el látigo a las vaquillas. Ernesto era el sobrino de uno de los patrones, apenas tenía catorce años y se sentía enamorado de la cholita que rompía el silencio con sus cantos ycoqueteos al indio feo. No había ninguna esperanza para él, Justina tenía ojos solo para el Kuto y por tanto, pronto sería su mujer.
Pero ni Ernesto ni el Kuto, se habían percatado que otro hombretambién miraba a la muchacha. Era Don Froylán, el otro dueño de la hacienda, quien a pesar de estar casado y tener nueve hijos, se creía con derecho sobre la inocente Justina. Un día, cuando sebañaba con los niños en la toma de agua, la violó.
Con rabia e impotencia contenida, el Kuto se lo contó a Ernesto, quien no podía creer lo sucedido. Don Froylan, el socio de su tío había abusado deJustina, sólo por el hecho de ser su sirvienta.
Pasada la incredulidad, el chico conminó al indio a tomar venganza, a matar con su honda al maldito que había roto sus ilusiones de niño. Pero el Kuto noquería hacer nada contra su patrón. Se sentía un indio incapaz de matar a Don Froylán. Tal vez Ernesto cuando grande y recibido de abogado haría algo, pero él no, porque seguiría siendo el novillerode los patrones. Sus odios los descargaba con los animales a quienes golpeaba, salvajemente, quizá pensando que golpeaba a quien había robado la inocencia de Justina. Resentido y penoso, el Kuto...
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