Homunculos

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La guerra de los homúnculos
Por Pablo Capanna
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Microscopio de Antoni van Leeuwenhoek - Embrión humano. Dia 3 - Ilustración de los “hombrecillos dentro del huevo” de T. Kerckring - Dibujo del imaginario homúnculo (encogido en un espermatozoide), mencionado por Nicolaas Hartsoeker en 1694.
He conocido conservadores que juraban que las clases sociales son una abstracción tendenciosa, peroen la vida diaria no dejaban sin ejercer ningún prejuicio clasista. También hay epistemólogos que, intimidados por el relativismo de Kuhn, niegan la existencia de los paradigmas.
Puede ser que los paradigmas no existan, pero que los hay, los hay. La historia de la ciencia está llena de ellos, y también de los atolladeros teóricos en que suelen meternos en cuanto se agotan.
Un caso bastantepintoresco de inercia mental ligada a ese paradigma mecanicista que creció a la sombra de Newton y Descartes es la larga polémica que dividió a los biólogos del siglo XVIII en torno a la generación y la herencia.
Por supuesto, en toda aquella disputa en torno al embrión y los gametos jugó un papel muy importante el perfeccionamiento de los microscopios. Pero el paradigma no está en el lente ni en elojo sino en la mente del que observa, de modo que hubo abundantes piruetas mentales destinadas a probar que los fenómenos observados eran precisamente aquellos que el modelo predisponía a ver.
A fines del siglo de las Luces la cuestión parecía insoluble tanto a nivel teórico como experimental. Las cosas comenzaron a aclararse recién en 1827, cuando Von Baer encontró el óvulo dentro del folículo. Elespectáculo del espermatozoide penetrando en el óvulo, que ahora aparece hasta en los dibujos animados, fue observado por primera vez en 1875.
Activos y pasivos
Cuando ya hacía un siglo que los naturalistas contaban con el microscopio, la cuestión de la ontogenia admitía tres respuestas posibles. Para los ovistas, todo estaba en el óvulo, y la función del espermatozoide era apenas excitarlo.Para los animalculistas ocurría todo lo contrario: la semilla (no en vano llamada semen) era el gameto masculino, y el óvulo servía sólo para nutrirlo.
La naturaleza resultó ser más democrática, repartiendo las responsabilidades por partes iguales. Es curioso observar que ése había sido el planteo más antiguo, así como el heliocentrismo de los pitagóricos andaba más cerca de la verdad que lahipótesis geocéntrica que tanto costó erradicar.
En sus tiempos, Empédocles, Demócrito, Aristóteles, Paré, Bacon, Van Helmont y Descartes habían defendido la teoría de la “doble simiente”, que daba intervención a ambos sexos. Sin embargo todos reservaban el papel protagónico para el varón, amparándose en los paradigmas (y los prejuicios) de su tiempo. Para Galeno, el primero que describió los ovarios,la simiente femenina tenía un rol secundario “por ser menos cálida”. Van Helmont, por su parte, pensaba que el feto nacía de la unión de la sangre menstrual con el esperma.
En cuanto a Aristóteles, la hembra ponía la causa material y el macho la formal (hoy diríamos: el “hardware” y el “software” del embrión), conforme a su física.
Los animálculos
Los ovistas del siglo XVIII eran partidarios del“huevo” (un concepto que no coincidía exactamente con el óvulo) y los animalculistas defendían la causa masculina. Costó mucho descubrir que eran complementarios.
Los ovistas pensaban que los mamíferos debían tener un “huevo” análogo al de las aves, que crecía cuando era activado por el “fluido” masculino, que Fabrizio D’Acquapendente bautizó “aura seminalis”. El gran fisiólogo suizo Albrechtvon Haller (1708-1777) lo describió como algo nauseabundo: el vapor que emitía el semen era tan penetrante que impedía comer la carne de un animal recién castrado. Esas “partículas fétidas alcalescentes” eran las que les daban fuerza y vigor a los machos. Al invadir el cuerpo femenino -aseguraba Haller- provocaban esas náuseas y vómitos tan comunes en las embarazadas. “¡Qué porquería es el...
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