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Descartes

de
suerte que más son la costumbre y el ejemplo los que nos persuaden, que un conocimiento cierto; y
que, sin embargo, la multitud de votos no es una prueba que valga para las verdades algo difíciles
de descubrir, porque más verosímil es que un hombre solo dé con ellas que no todo un pueblo, no
podía yo elegir a una persona, cuyas opiniones me parecieran preferibles a las de lasdemás, y me vi
como obligado a emprender por mí mismo la tarea de conducirme.

Fue el primero, no admitir como verdadera cosa alguna, como no supiese con evidencia
que lo es; es decir, evitar cuidadosamente la precipitación y la prevención, y no comprender en mis
juicios nada más que lo que se presentase tan clara y distintamente a mí espíritu, que no hubiese
ninguna ocasión de ponerlo enduda.

naturalmente.
Y el último, hacer en todo unos recuentos tan integrales y unas revisiones tan generales,
que llegase a estar seguro de

ciertas y
evidentes, no dudaba de que había que empezar por las mismas que ellos han examinado, aun
cuando no esperaba sacar de aquí ninguna otra utilidad, sino acostumbrar mi espíritu a saciarse de
verdades y a no contentarse con falsas razones

Locual,
a mi parecer, conseguía bastante bien, tanto que, tratando de descubrir la falsedad o la
incertidumbre de las proposiciones que examinaba, no mediante endebles conjeturas, sino por
razonamientos claros y seguros, no encontraba ninguna tan dudosa, que no pudiera sacar de ella
alguna conclusión bastante cierta, aunque sólo fuese la de que no contenía nada ciert

Y no me precio tampocode ser el primer inventor de mis opiniones, sino
solamente de no haberlas admitido ni porque las dijeran otros ni porque no las dijeran, sino sólo
porque la razón me convenció de su verdad

Elogio de la dificultad
Estanislao Zuleta
La pobreza y la impotencia de la imaginación nunca se manifiesta de una manera tan clara como cuando se trata de imaginar la felicidad. Entonces comenzamos ainventar paraísos, islas afortunadas, países de cucaña. Una vida sin riesgos, sin lucha, sin búsqueda de superación y sin muerte. Y, por tanto, también sin carencias y sin deseo: un océano de mermelada sagrada, una eternidad de aburrición. Metas afortunadamente inalcanzables, paraísos afortunadamente inexistentes.
Todas estas fantasías serían inocentes e inocuas, sino fuera porque constituyen elmodelo de nuestros anhelos en la vida práctica.
Aquí mismo en los proyectos de la existencia cotidiana, más acá del reino de las mentiras eternas, introducimos también el ideal tonto de la seguridad garantizada; de las reconciliaciones totales; de las soluciones definitivas.
Puede decirse que nuestro problema no consiste solamente ni principalmente en que no seamos capaces de conquistar lo que nosproponemos, sino en aquello que nos proponemos: que nuestra desgracia no está tanto en la frustración de nuestros deseos, como en la forma misma de desear. Deseamos mal.
En lugar de desear una relación humana inquietante, compleja y perdible, que estimule nuestra capacidad de luchar y nos obligue a cambiar, deseamos un idilio sin sombras y sin peligros, un nido de amor, y por lo tanto, en últimainstancia un retorno al huevo. En vez de desear una sociedad en la que sea realizable y necesario trabajar arduamente para hacer efectivas nuestras posibilidades, deseamos un mundo de satisfacción, una monstruosa sala-cuna de abundancia pasivamente recibida.
En lugar de desear una filosofía llena de incógnitas y preguntas abiertas, queremos poseer una doctrina global, capaz de dar cuenta de todo,revelada por espíritus que nunca han existido o por caudillos que desgraciadamente sí han existido.
Adán y sobre todo Eva, tienen el mérito original de habernos liberado del paraíso, nuestro pecado es que anhelamos regresar a él.
Desconfiemos de las mañanas radiantes en las que se inicia un reino milenario. Son muy conocidos en la historia, desde la Antigüedad hasta hoy, los horrores a los que...
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