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  • Publicado : 11 de septiembre de 2012
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Gilberto Alfonso Jiménez se despierta día a día con poco abrigo, un día con más frío que otro, pero al final siempre con frío, o quizás como él dice “a veces no quisiera despertar”. Su historia es menos común que la de cualquiera de nosotros. No fue nunca como la de aquellos cuentos que le leía su madre cuando pequeño, simplemente porque siempre tenían un final feliz y la historia de él jamás latuvo.

Pasa la vida entera tras ojos de vidas que a diario cumplen una y otra rutina, unos estudian, otros trabajan, otros simplemente pasan su tiempo disfrutando del dinero que poseen y sin mucho problema le cantan a la vida y a su vez la vida les canta a ellos, pero en tierras de olvido se encuentran otros a los que ella no les sonrió, como lo es el caso de Gilberto Alfonso Jiménez, uno de losmuchos Colombianos cuya rutina es totalmente opuesta a la de los ejecutivos, trabajadores y estudiantes que cuentan con la suerte de encontrar un trabajo o una vida digna en nuestra ciudad, de gente que a pesar de los problemas lucha y lo más importante, es capaz de soñar.

Inició como un dulce y mágico cuento, y en sus ojos una luz magnánima que dejaba ver la felicidad que solo puedetransmitir una persona con una vida en paz, y hasta el momento solo empeora cada vez. Su historia inicia en un pueblo en el Meta, un lugar pacifico y como muchos de los de Colombia lleno de gente pujante. 

Una casa con un gran jardín en la parte trasera donde su madre sembraba tulipanes (sus flores favoritas) y con gallos en un corral junto a las flores que muy puntuales a las 5 de la mañana, anunciabanla llegada de un nuevo día. Un río que le daba a este lugar un ambiente melodioso y era la gran dicha de muchos de los niños vecinos del lugar “la casa donde yo era feliz” manifiesta Gilberto, quien vivía en este lugar con su madre, con la mirada ya no tan feliz, tras un 14 de febrero, el día en que falleció su padre hace algunos años,
Un día muy común para él. Sin saber que sería ese el día mástriste y definitivo de su vida, mientras se duchaba escuchó el grito de su madre, quizás el grito más estremecedor que nunca hubiera escuchado. Con prisa y aterrado corrió a indagar el motivo de éste, y en pocos segundos su madre se desvaneció ante él. La muerte ese día merodeaba por la casa de Gilberto y sus ojos presenciaron lo que no debían, porque la violencia no tiene derecho a violar lafelicidad que nace con nosotros y arrebatárnosla de esta manera. Los problemas de muchos no tienen por qué afectarnos y derrumbar vidas y esperanzas. En esos momentos, el instinto de supervivencia fue muy fuerte en Gilberto, así que su única reacción fue correr por su vida, después de ser amenazado por gente sin escrúpulos. Hoy, su casa es uno de los puentes de Bogotá.

Tras convertirse en uno másde los desplazados de Colombia, ya sus ojos transmitían otra clase de sentimientos; ya nada era lo mismo y esa sensación de impotencia se apoderaba de su alma, su mirada albergaba cosas totalmente ambivalentes, tristeza, rencor, dolor, y al mismo tiempo ganas de luchar, sin embargo pocas cosas buenas transmitían esos ojos. De lo que había antes, ya poco quedaba. Al llegar a Bogotá, tenía laesperanza de contar con la ayuda de alguna de las organizaciones que tanto se promocionan a sí mismas. Para su sorpresa, se encontró con “mentiras y babosadas” como él mismo nos cuenta. La primera noche sin mucha experiencia en este “estilo” de vida durmió en un parque solitario. Al siguiente día inició una travesía que se le antojaba más imposible cada segundo, “ni trabajo, ni ayud… piden una carrera yaños de experiencia, y para lo único que yo estudie fue para vivir en mi tierrita, yo nada más tengo quinto de primaria encima”. Gilberto sólo aprendió lo necesario para buscar su felicidad individual.

Para el medio día ya su cuerpo reclamaba comida, -¡después de todo dos días sin comer se deben sentir entre tanta angustia!-, la ayuda que él buscaba jamás llegó, suplicar un pan y llorar por...
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