La catedral del amr

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  • Publicado : 30 de mayo de 2011
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La Catedral del Mar
hogazas de pan, escudillas con gallina, platos de cerdo salado y el cordero recién hecho. Bernat
buscó con la mirada a Francesca, pero no la encontró. No estaba entre las mujeres. Su mirada se
cruzó con la de su suegro, que ya estaba junto a los demás invitados, y éste señaló con el mentón en
dirección a las mujeres. Con un gesto casi imperceptible Pere Esteve sacudió lacabeza y se dio
media vuelta.
—¡Continuad con vuestra fiesta! —gritó Llorenç de Bellera con una pierna de cordero en la
mano—. ¡Vamos, venga, adelante!
En silencio, los invitados empezaron a dirigirse hacia las brasas donde se habían asado los
corderos. Sólo un grupo permaneció quieto, a salvo de las miradas del señor y sus amigos: Pere
Esteve, sus hijos y algunos invitados más. Bernatvislumbró el blanco de la camisa de lino entre
ellos y se acercó. —Vete de aquí, estúpido —ladró su suegro. Antes de que pudiera decir nada, la
madre de Francesca le puso un plato de cordero en las manos y le susurró: —Atiende al señor y no
te acerques a mi hija. Los payeses empezaron a dar cuenta del cordero, en silencio, mirando de
reojo hacia la mesa. En la explanada sólo se oían las carcajadas ylos gritos del señor de Navarcles y
sus dos amigos. Los soldados descansaban apartados de la fiesta.
—Antes se os oía reír —gritó el señor de Bellera—, tanto que incluso habéis espantado la
caza. ¡Reíd, maldita sea! Nadie lo hizo.
—Bestias rústicas —dijo a sus acompañantes, que acogieron el comentario con carcajadas.
Los tres saciaron su apetito con el cordero y el pan candeal. El cerdosalado y las escudillas
de gallina quedaron arrinconados en la mesa. Bernat comió de pie, algo apartado, y mirando de
soslayo hacia el grupo de mujeres en el que se escondía Francesca.
—¡Más vino! —exigió el señor de Bellera levantando el vaso—. Estanyol —gritó de
repente buscándolo entre los invitados—, la próxima vez que me pagues el censo de mis tierras,
tendrás que traerme vino como éste, noel brebaje con que tu padre me ha estado engañando hasta
ahora. —Bernat lo oyó a sus espaldas. La madre de Francesca se acercaba con la jarra—. Estanyol,
¿dónde estás?
El caballero golpeó la mesa justo cuando la mujer acercaba la jarra para llenarle la copa.
Unas gotas de vino salpicaron la ropa de Llorenç de Bellera.
Bernat ya se había acercado hasta él. Los amigos del señor se reían de lasituación y Pere
Esteve se había llevado las manos al rostro.
—¡Vieja estúpida! ¿Cómo te atreves a derramar el vino? —La mujer agachó la cabeza en
señal de sumisión, y cuando el señor hizo amago de abofetearla, se apartó y cayó al suelo. Llorenç
de Bellera se volvió hacia sus amigos y estalló en carcajadas al ver cómo la anciana se alejaba
gateando. Después recuperó la seriedad y se dirigió aBernat—:Vaya, estás aquí, Estanyol. ¡Mira lo
que logran las viejas torpes! ¿Acaso pretendes ofender a tu señor? ¿Tan ignorante eres que no sabes
que los invitados deben ser atendidos por la señora de la casa? ¿Dónde está la novia? —preguntó,
paseando la mirada por la explanada—. ¿Dónde está la novia? —gritó ante su silencio.
Pere Esteve tomó a Francesca del brazo y se acercó hasta la mesa paraentregársela a Bernat.
La muchacha temblaba.
—Señoría —dijo Bernat—, os presento a mi mujer, Francesca.
—Eso está mejor —comentó Llorenç, examinándola de arriba abajo sin recato alguno—,
mucho mejor.Tú nos servirás el vino a partir de ahora.
El señor de Navarcles volvió a tomar asiento y se dirigió a la muchacha alzando el vaso.
Francesca buscó una jarra y corrió a servirle. Su mano temblóal intentar escanciar el vino. Llorenç
de Bellera le agarró la muñeca y la mantuvo firme mientras el vino caía en el vaso. Después tiró del
brazo y la obligó a servir a sus acompañantes. Los pechos de la muchacha rozaron la cara de
Llorenç de Bellera.
—¡Así se sirve el vino! —gritó el señor de Navarcles mientras
Bernat, a su lado, apretaba puños y dientes.
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Ildefonso Falcones La Catedral...
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