La hija del vampiro

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Colección Silver Kane

LA HIJA DEL VAMPIRO
Serie Terror-Intriga

ISBN-13 978-84-613-5789-5

© Silver Kane

2

CAPÍTULO PRIMERO

El rayo se abatió sobre la carretera, haciendo que Stella frenase bruscamente. El coche, un pequeño Morris 1.100, patinó sobre el asfalto mojado. Consiguió recuperar su posición inicial y enfiló de nuevo la ruta. Fue entonces cuando cayó el segundorayo. Éste se abatió a menor distancia del coche que el primero, tronchando uno de los árboles que limitaban la carretera. La lívida luz y el horrísono estampido hicieron que Stella volviese a frenar y perdiese de nuevo la dirección de su coche. Esta vez hundió dos ruedas en la cuneta, pero consiguió salir. Sus manos temblaban sobre el volante cuando recuperó la ruta. No podía más. Sus nerviosestaban a punto de estallar. «En la primera casa que encuentre me quedo —pensó—. Me quedaré donde sea…». Nunca había deseado con tanta desesperación encontrar un techo bajo el que cobijarse. No se atrevía a permanecer parada en la carretera sintiendo la lluvia repiquetear sobre su techo, cada vez más intensamente, mientras los rayos caían aquí y allí. Tomó una curva. Y de pronto vio aquella casa. Era unedificio antiguo de dos plantas y estaba al margen de la carretera, a la derecha de ésta, y al fin de un camino vecinal. La casa estaba semioculta tras una alta hilera de chopos. De no ser por un repentino relámpago no la habría visto. Le produjo una sensación extraña. Stella detuvo el coche. Dudó unos segundos en detenerse allí o no. La verdad era que el aspecto de la casa resultaba aún menostranquilizador que los rayos que seguían cayendo cerca del vehículo. «¡Bah! —pensó—. No he de inquietarme. En esta parte de Francia hay muchas viejas casas como ésta».
© Silver Kane

3

Encendió la luz del espejo retrovisor y consultó el mapa de carreteras que siempre llevaba consigo en la guantera del coche. Calculando por aproximación el punto donde se encontraba, vio que la población máscercana al punto donde se había detenido era Saint Gaudens, a unos veinte kilómetros. Normalmente esa distancia le hubiese parecido una ridiculez. Pero con la carretera resbaladiza, el parabrisas empañado y los rayos que caían cada vez más cerca, tuvo la sensación de que Saint Gaudens estaba en el fin del mundo. Definitivamente, buscaría refugio en aquella casa. Era increíble, pero le parecíahaberla visto en sueños. Dobló el volante y se adentró en el camino vecinal. Las ruedas se hundieron en el barro recién formado. Sólo la potencia del motor del Morris, unida al poco peso que transportaba, le ayudaron a salir de allí. Conforme más se acercaba a la casa, más siniestra le parecía. Claro que toda la región que se extiende entre Foix y Lourdes, es algo siniestra. Su hermosura resultasombría, un poco misteriosa. Tras cada pedazo de espeso bosque, tras cada lago oculto, parece acechar un enigma. Aquella casa no tenía por qué ser una excepción. Al detenerse frente a la puerta, vio que campeaba un escudo sobre ella. Era un escudo extraño y desconocido —pese a que Stella entendía bastante de heráldica—, cuya figura central consistía en un dragón. El edificio era de piedra; seguramenteprocedía del siglo XVI. Stella dejó el coche en un lugar de terreno sólido, donde las ruedas no pudieran hundirse, y saltando al exterior, corrió hacia la puerta de la casa. Una vez ante ella, llamó ansiosamente con los puños. La lluvia era helada. Fuera del coche, Stella sentía frío hasta los huesos; no notaba apenas sus propios puños, a pesar de la fuerza con que aporreaba la puerta. Al final éstacedió. No se oyó ningún chasquido, ningún ruido de la cerradura. Dio la sensación de que la puerta se abría sola. Stella empujó. La verdad era que no sentía miedo en aquel momento. Lo único que pretendía era guarecerse de la lluvia y de aquella condenada tempestad. No pensó ni por un momento en que en la casa pudiera haber algo extraño. Todo estaba a oscuras cuando ella atravesó el umbral,...
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