La historia gato y gaviota

Solo disponible en BuenasTareas
  • Páginas : 59 (14738 palabras )
  • Descarga(s) : 0
  • Publicado : 9 de septiembre de 2012
Leer documento completo
Vista previa del texto
* Mar del Norte —¡Banco de arenques a babor! —anunció la gaviota vigía, y labandada del Faro de la Arena Roja recibió la noticia con graznidos dealivio. Llevaban seis horas de vuelo sin interrupciones y, aunque lasgaviotas piloto las habían conducido por corrientes de aires cálidos quehicieron placentero el planear sobre el océano, sentían la necesidad dereponer fuerzas, y qué mejor para ello queun buen atracón dearenques. Volaban sobre la desembocadura del río Elba, en el mar del Norte.Desde la altura veían los barcos formados uno tras otro, como si fueranpacientes y disciplinados animales acuáticos esperando turno para salira mar abierto y orientar allí sus rumbos hacia todos los puertos delplaneta. A Kengah, una gaviota de plumas color plata, le gustabaespecialmente observar lasbanderas de los barcos, pues sabía que cadauna de ellas representaba una forma de hablar, de nombrar las mismascosas con palabras diferentes. —Qué difícil lo tienen los humanos. Las gaviotas, en cambio,graznamos igual en todo el mundo —comentó una vez Kengah a una desus compañeras de vuelo. —Así es. Y lo más notable es que a veces hasta consiguenentenderse —graznó la aludida. Más allá de la línea de lacosta, el paisaje se tornaba de un verdeintenso. Era un enorme prado en el que destacaban los rebaños deovejas pastando al amparo de los diques y las perezosas aspas de losmolinos de viento. Siguiendo las instrucciones de las gaviotas piloto, la bandada delFaro de la Arena Roja tomó una corriente de aire frío y se lanzó enpicado sobre el cardumen de arenques. Ciento veinte cuerposperforaron elagua como saetas y, al salir a la superficie, cada gaviotasostenía un arenque en el pico. 8
* 8. Sabrosos arenques. Sabrosos y gordos. Justamente lo quenecesitaban para recuperar energías antes de continuar el vuelo hastaDen Helder, donde se les uniría la bandada de las islas Frisias. El plan de vuelo tenía previsto seguir luego hasta el paso de Calais yel canal de la Mancha, donde seríanrecibidas por las bandadas de labahía del Sena y Saint Malo, con las que volarían juntas hasta alcanzarel cielo de Vizcaya. 9
* 9. Para entonces serían unas mil gaviotas que, como una rápida nubede color plata, irían en aumento con la incorporación de las bandadasde Belle Îlle, Oléron, los cabos de Machichaco, del Ajo y de Peñas.Cuando todas las gaviotas autorizadas por la ley del mar y delosvientos volaran sobre Vizcaya, podría comenzar la gran convención delas gaviotas de los mares Báltico, del Norte y Atlántico. Sería un bello encuentro. En eso pensaba Kengah mientras dabacuenta de su tercer arenque. Como todos los años, se escucharíaninteresantes historias, especialmente las narradas por las gaviotas delcabo de Peñas, infatigables viajeras que a veces volaban hasta las islasCanarias olas de Cabo Verde. Las hembras como ella se entregarían a grandes festines desardinas y calamares mientras los machos acomodarían los nidos alborde de un acantilado. En ellos pondrían los huevos, los empollarían asalvo de cualquier amenaza y, cuando a los polluelos les crecieran lasprimeras plumas resistentes, llegaría la parte más hermosa del viaje:enseñarles a volar en el cielo de Vizcaya. Kengahhundió la cabeza para atrapar el cuarto arenque, y por esono escuchó el graznido de alarma que estremeció el aire: —¡Peligro a estribor! ¡Despegue de emergencia! Cuando Kengah sacó la cabeza del agua se vio sola en lainmensidad del océano. 10
* 10. 2 Un gato grande, negro y gordo —Me da mucha pena dejarte solo —dijo el niño acariciando el lomodel gato grande, negro y gordo. Luego continuó conla tarea de meter cosas en la mochila. Tomabaun casete del grupo Pur, uno de sus favoritos, lo guardaba, dudaba, losacaba, y no sabía si volver a meterlo en la mochila o dejarlo sobre lamesilla. Era difícil decidir qué llevarse para las vacaciones y qué dejaren casa. El gato grande, negro y gordo lo miraba atento, sentado en elalféizar de la ventana, su lugar favorito. —¿Guardé las gafas de...
tracking img