La hoguera de las vanidades

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  • Publicado : 6 de noviembre de 2011
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La hoguera de las vanidades
Ambición santa versus vanidad humana
 “La gente solo quiere ser famosa para luego ponerse gafas oscuras y que nadie los reconozca” (Woody Allen)
 “Quiero que te acuerdes de mi cara y mi nombre, porque algún día también voy a llenar los estadios y vamos a compartir un escenario”; no sé cuantas veces he escuchado esa frase, una y otra vez, en cada nación que me hatocado ir, a través de las redes sociales, por teléfono, correo electrónico y estoy seguro que me seguirá llegando a través de los próximos sistemas de comunicación que se inventen de aquí al futuro, como si la meta de “llenar estadios” o ser “conocido” fuera el éxtasis del ministerio, lo máximo a lo que un líder pudiera aspirar.
Por supuesto hay otros sueños del mismo tenor: “Se que voy a grabar undisco”, “Dios me dijo que voy a ser el próximo Presidente de mi nación”, “Voy a escribir un libro que será un éxito de ventas”, y decenas de ejemplos similares. Es muy extraño recibir un correo electrónico de alguien que se sincere y diga: “No tengo idea en que Dios podría usarme, pero si acaso El pudiera hacer algo con lo poco que soy, yo estaría dispuesto a serle fiel y estaré eternamenteagradecido por haberse fijado en mi”, una oración hecha así es un artículo de lujo que actualmente escasea en nuestro ámbito.
Alguna vez, mi amigo y respetado evangelista Carlos Annacondia me dijo: “Hay muchos líderes que están más enamorados del éxito que de las almas”, y fue una de las verdades más valiosas de las que haya oído. Lo he comprobado en todos estos años de ministerio cuando nos hacemoseco de las frases: el evento mas histórico, la cruzada mas grande, la iglesia más relevante, el líder más ungido, el disco más vendido, el libro mas agotado, todo lo que sirva para acariciar nuestro ego, hacernos sentir seguros y por sobre todas las cosas, hacernos creer que estamos logrando ser populares y por consecuencia, extendiendo el evangelio.
La psicología considera a la fama como unimpulso primario de la conducta y los cristianos no están exentos de ese síndrome. El psicólogo Orville Gilbert Brim afirma: “La urgencia de alcanzar reconocimiento social se presenta en la mayoría de las personas, incluso en aquellas para quienes no es accesible y sus raíces pueden estar en sentimientos de rechazo, descuido o abandono. Los que buscan ansiosamente fama lo hacen por el deseo deaceptación social, por encontrar algún tipo de seguridad existencial. La fama parece ser un bálsamo para la herida que deja la exclusión social”
Toda espiritualidad que se promueve ya tiene algo de enfermedad. Todos aquellos líderes que van por la vida propagando sus virtudes estarán siempre a un paso de la catástrofe moral y espiritual. Cuando escuchamos a personas que hablan de sí mismas como si fuerade otras personas, de un personaje, es porque estamos ante un candidato al desastre. La historia es un fiel testigo que esto siempre fue así. Por eso es preocupante que haya tantos jóvenes queriendo “llenar estadios”, “conmover naciones” o “llegar a la televisión” y no porque esas metas estén mal en sí mismas, sino porque es muy probable que la motivación este totalmente fuera de la voluntad deDios.
 Conquistaremos el mundo, Pinky!
Vale aclarar que con esta misma editorial yo he publicado libros motivacionales como “El código del campeón” y “Destinado al éxito” en los cuales trato de inspirar a los líderes y a los lectores jóvenes a procurar los mejores dones, a no conformarse con la mediocridad, a soñar con cosas grandes; pero cuando escucho frases que hablan de “estar ante multitudes”como si se tratara de alzarse con un Oscar de la academia de Hollywood, me doy cuenta que tal vez haya un concepto que algunos mal interpretaron o que por lo menos se saltearon la parte más importante del proceso.
En algún punto los líderes cargamos cierta responsabilidad. En ocasiones la premura de un mensaje de cuarenta y cinco minutos durante un congreso, o simplemente la arenga en un...
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