La hora 25

Solo disponible en BuenasTareas
  • Páginas : 478 (119277 palabras )
  • Descarga(s) : 0
  • Publicado : 28 de noviembre de 2011
Leer documento completo
Vista previa del texto
LA HORA VEINTICINCO (1949) C. Virgil Gheorghiu

La Historia, como el drama y la novela, es hija de la mitología. Es una forma particular comprensión y de expresión, donde —igual que en los cuentos de hadas de los niños y en los sueños propios de los adultos sofisticados— no está trazada la línea de demarcación entre lo real y lo imaginario. Se ha dicho, por ejemplo, de La Ilíada, que el queemprende su lectura como relato histórico halla en seguida la ficción, y que aquél que, por el contrario, la lee como una leyenda, halla la historia. Desde este punto de vista, todos los libros de historia se parecen a La Ilíada, ya que ninguno de ellos puede eliminar enteramente la ficción. Ya que el simple hecho de escoger, separar y presentar los hechos constituye una técnica que. pertenece aldominio de ésta... ARNOLD J.TOYNBEE A Study of History

FANTANA 1

—No puedo creer aún que vayas a marcharte —dijo Suzanna a Iohann Moritz, estrechándose contra él. Posó sus manos sobre la cabeza del hombre y acarició su pelo negro. El retrocedió un paso. —¿Por qué no puedes creerlo? —preguntó con voz dura—. Pasado mañana, al amanecer, me habré marchado. —¡Ya lo sé! —murmuró ella. Se hallaban depie, al lado de la tapia. Hacía fresco. Era más de medianoche. Iohann cogió las manos de la mujer, las soltó en seguida, y dijo: —Y ahora... ¡adiós! Ella suplicó: —Quédate un poco más. —¿Por qué quieres que me quede? —preguntó Moritz con voz firme y decidida—. Se hace tarde y mañana tengo que trabajar. Suzanna no respondió, pero se estrechó todavía más contra él. Entreabrió la camisa del hombre,apoyó la mejilla contra su pecho y levantó los ojos. —¡Qué hermosas son las estrellas! —dijo. Sin duda Moritz esperaba algo más importante y creía que Suzanna le había retenido para decírselo. En

vez de eso le hablaba de las estrellas. Se separó y quiso alejarse. Pero en aquel mismo instante recordó que estaría por lo menos ausente durante tres años. Y entonces, para darle gusto, levantótambién la mirada hacia las estrellas. —¿Es verdad que cada hombre tiene su estrella en el cielo? ¿Es verdad que cuando muere ésta cae? —¡Yo qué sé! —respondió él, sintiéndose en aquel instante más dispuesto que nunca a alejarse. —¡Adiós! —¿También tenemos nosotros una estrella en lo alto? —insistió Suzanna. —¡Como todo el mundo! En lo alto o en nosotros mismos —respondió Moritz. Cogió la cabeza de lamujer entre sus manos y la apartó de su pecho. Luego echó a andar. Ella le acompañó hasta el camino. Contempló una vez más las estrellas y luego volvió la mirada hacia él. —Te espero mañana por la noche —dijo ella. —Si no llueve. Suzanna hubiera querido seguir en su compañía, suplicándole que acudiera al día siguiente, aunque lloviera. Pero él se alejaba ya a grandes zancadas. Dobló el recodo delsendero y desapareció tras el jardín. Ella permaneció unos instantes inmóvil. Luego se pasó la mano por las caderas para alisarse el vestido y quitar las briznas que se habían quedado adheridas. Antes de penetrar en el patio echó una mirada al sitio bajo el

castaño, donde habían estado tendidos uno junto a otro. La hierba estaba aún aplastada, y por unos instantes le pareció seguir aspirando elolor del cuerpo de Moritz; un olor a hierba aplastada, a tabaco y a aguardiente de cerezas. Iohann Moritz atravesó el campo y se dirigió silbando hacia su casa. Llevaba pantalones negros de soldado y una camisa blanca, con el cuello desabrochado. Iba descalzo. De pronto interrumpió su silbido y bostezó. Luego pensó en la mujer que acababa de abandonar. Pensó en Suzanna. Hubiera deseado sonreír.Se dijo que las mujeres eran como niños. «Historias de estrellas... ¡Qué tontería! Se hacían a sí mismas montones de preguntas inútiles...» Dejó de pensar en Suzanna y trató de concentrar sus pensamientos en el viaje que iba a emprender dentro de dos días. Pensó en América. Luego, apartando sus pensamientos, se puso a silbar otra vez. Tenía sueño. Hubiera querido estar ya en su casa para poder...
tracking img