La Legalidad En Colombia

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  • Publicado : 17 de agosto de 2011
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De bolitas volátiles e ilegalidades varias

Hace tiempo se veía en la calle con relativa frecuencia un juego hecho expresamente para engañar a la gente en sus narices. Un avivato ponía sobre una superficie plana, que iba desde un periódico matutino doblado en cuartos hasta una mesita plegable que no sobrepasaba noventa centímetros cuadrados, tres tapas de gaseosa o de cualquier otro frasco quelas manos del callejero croupier hacían mover a la velocidad del engaño. La gracia del juego era descubrir en cual de las tres se escondía una bolita que aparecía y desaparecía a voluntad del dueño del juego mientras que repetía en círculos sin fin “¿dónde está la bolita?” como si recitara un conjuro. Para que los incautos cayeran el defraudador se conseguía unos parceros que le hacían cuarto demanera que todo se viera muy animado y tal y así se la pasaban trashumantes todo el día formando corrillos para su lucro personal para después abrirse del parche y ahí nos vimos. Pero lo mejor de todo, o lo peor, desde el ángulo que se le mire, era que todo el mundo sabía que iba a ser esquilmado, que de ahí a la fija todos salían tumbados, pero nada evitaba que a sabiendas le jalaran al asunto.Eran los tiempos en que la malicia indígena era un atributo local. En esta provincia ecuatorial que algún caricaturista de la época apodaba Locombia, casi que ser marrullero, trásfuga, pícaro, zascandil, truhán, taimado, artero, ladino, artificioso, astuto, zorro, perro y otros vocablos del mismo campo semántico se cubrían bajo el manto de la malicia indígena (¡qué ironía! cuando por estos días losúnicos que se muestran dignos y ajustados a sus principios ancestrales son justamente ellos, los indígenas). Ser justo, recto, cabal, probo, ser derecho y actuar a lo bien, era un asunto que iba de lo aburrido a lo incómodo porque, y esto todavía hoy asoma sus narices en la cotidianidad y en el ser colombiano, no se tomaba tan en serio eso de la responsabilidad civil, la solidaridad (la deverdad, no la que en más de una vez se confunde con la limosna o la lástima) y el sentido de ciudadanía.
Era la época de la primera bonanza marimbera, en la que unos señores de camisas de flores y de largas cadenas de oro sujetadas a sus pescuezos gordos para que cayeran tintineantes sobre sus peludas barrigas dentro de la dichosa camisa floreada abierta hasta el ombligo, eran los mandamases de laGuajira, Santa Marta, Barranquilla y sectores aledaños. A esos personajes pintorescos se les consideraba parte del folklor nacional y todo el mundo se hizo el de las gafas oscuras y se les dejó al garete para que hicieran su parecer ante la vista gorda de unos funcionarios corruptos que los dejaron hacer. Sólo la represión internacional que se ejercía en las aguas del Caribe hizo que su negociomariguanero se trasladara como bomba de chicle a México. Esa laxitud cuánto daño iba a hacer, nadie se alcanzó a imaginar entonces el monstruo que se estaba gestando porque el bussines (o en criollo, bisnes) no se fue de aquí; se mantuvo hibernando y al tiempo resurgió como una quimera, como caja de Pandora pero llena de perico, y aparecieron los Escobar, los Rodríguez Gacha y Orejuela, los Ledher,los Urdinola organizados en carteles de primera generación; luego vinieron los de segunda generación con apelativos como jabón, chupeta, rasguño y otros que eran los lavaperros de los anteriores pero que compartían con sus ex patrones el gusto por el uso de la motosierra y la masacre contra sus contradictores para respaldar su discurso de enriquecimiento inmediato. Y ahí sí que todo el mundo pusoel grito en el cielo, pero ya era tarde, pataleo de ahogado, porque todo el mundo a la vez moría de ganas por poseer el bienestar traqueto que da la enorme cantidad de dólares que estos personajes poseen, y hubo más de una alianza entre la gente divinamente, la gente de bien y esos rufianes, entonces todo quedó empatado y de nuevo reinó el silencio.
Era la época de los autoprestamos. Exótica...
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