La mercadotecnia en el 68

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A las 6:10 aparecieron en el cielo unas luces de bengala verdes. Los helicópteros de la policía abrieron fuego. Inmediatamente, elementos de civil del batallón Olimpia (un batallón especial de la policía encargado de seguridad en las olimpiadas) atacaron a los oradores del Consejo Nacional de Huelga (CNH) que estaban en un balcón del tercer piso del edificio Chihuahua: los golpearon y empujaron aalgunos a la línea de fuego.
Muchos de los muertos recibieron disparos por la espalda a quemarropa o bayonetazos, demostraron las autopsias. La multitud golpeó a las puertas de la iglesia de Santiago Tlatelolco, pero estas no se abrieron: el arzobispo había dado la orden de no dejar entrar a ningún manifestante.
Hasta ahora no se sabe exactamente cuánta gente fue asesinada en Tlatelolco el 2 deoctubre: solo 32 según la policía; 325 según una cuidadosa investigación del periódico inglés Manchester Guardian. Corrió el rumor de que los camiones del ejército se llevaron montones de cadáveres y los quemaron o los aventaron al mar.
Muchos arrestados sufrieron torturas. En el libro Masacre en México, un preso relata que un agente estadounidense estuvo presente en las cámaras de torturamientras los agentes mexicanos “lo trabajaban”. Un policía amenazó: “Si no sueltas la lengua, tenemos gringos que te harán cantar”. Pero la presencia física de los expertos en interrogación de Estados Unidos no era necesaria para ver la marca “Made in the USA” de toda la ola de represión.
Philip Agee, ex agente de la CIA que ahora es su crítico, fue a México como espía en 1968 con la fachada deorganizar intercambios culturales durante las olimpiadas. En su libro Dentro de la compañía, Diario de la CIA, escribió: “En México el gobierno mantiene a nuestro enemigo común [la izquierda y los soviéticos] bastante bien controlados con nuestra ayuda–y cuando el gobierno no da abasto, la estación [de la CIA] por lo general puede hacerlo por su cuenta”.
Probablemente Agee no trabajó en las operacionesmás delicadas de México, por ejemplo las que vinculan directamente al gobierno estadounidense con la masacre de Tlatelolco. Pero relata que la CIA intercambiaba a diario informes de espionaje con sus enlaces más importantes. Uno de esos contactos era el presidente Díaz Ordaz, cuya relación con la CIA era “supremamente cercana” y de la cual recibía costosos regalos, dice Agee
Otro contactoimportante era Luis Echeverría, quien como secretario de Gobernación tuvo a su cargo directo la masacre. Echeverría fue el siguiente presidente del país. Los archivos de la CIA sobre las organizaciones y actividades estudiantiles y de izquierda eran muy superiores a las del gobierno, dice Agee. Con la información de la CIA la policía hizo numerosas redadas y arrestos.
Después de la masacre ni elpresidente Johnson ni su secretario de Estado hicieron declaraciones de protesta: un silencio que es complicidad, si no aprobación. El 3 de octubre, la junta ejecutiva del Comité Olímpico Internacional celebró una reunión de emergencia para decidir si seguir adelante con las olimpiadas a pesar de la masacre. Con Avery Brundage (el presidente estadounidense del comité) a la cabeza, la junta decidió quesí, por escasos votos. Brundage explicó que las autoridades mexicanas le habían asegurado que “nada interferiría con la entrada pacífica de la antorcha olímpica al estadio el 12 de octubre ni con las competencias”.
Así que diez días después de la masacre se inauguraron las olimpiadas en una atmósfera de brutal hipocresía. Las calles temblablan al paso de los tanques, pero los murales proclamaban enuna docena de idiomas y colores: “Todo se puede con paz”. El gobierno vistió de minifalda a miles de jovencitas para que fueran “embajadoras olímpicas”. Una de ellas, con el uniforme olímpico apelmazado de sangre y perforado por las balas, yacía en la morgue donde desfilaban miles de padres en busca de sus hijos.
Los millares que creían que el gobierno nunca haría algo tan inhumano o que lo...
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