La muerte en los labios

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La muerte en los labios
José Echegaray Drama en tres actos y en prosa

PERSONAJES MARGARITA BERTA MIGUEL SERVET CONRADO WALTER JACOBO NICOLÁS

REPARTO ACTORES Sra. Mendoza Tenorio. - Calderón. Sr. Jiménez. - Calvo (Rafael). - Vico. - Calvo (Ricardo). - Calvo (J.). Soldados y Esbirros.

La escena pasa en Ginebra, año 1553, que fue el del suplicio de Miguel Servet.

A LA MEMORIA DE DONGREGORIO DE LAS POZAS. JOSÉ ECHEGARAY.

Acto primero
La escena representa una sala modesta, pero no pobre. A la derecha, dos puertas; se llega a la del segundo término por dos o tres escalones. A la izquierda, primer término, un balcón. En el fondo, otra puerta. En primer término, a la izquierda, una mesa y un sillón; a la derecha, otro sillón. Los términos derecha e izquierda refiérense alespectador.

ESCENA I MARGARITA, sola. MARGARITA.-(Asomada al balcón; luego, se retira.) El sol desciende; la tarde acaba; cada vez parecen más oscuras las aguas del lago y menos transparente el azul del cielo. ¡Otro día sin verle! ¡Ah Conrado, mucha crueldad es la tuya si en ti consiste la tardanza!, y si en él no consiste, ¿por qué, Dios mío, no escuchas mi ruego? ¡Era yo tan

feliz a su lado!¡Qué alegría cuando llegaba el domingo y escapábamos de Ginebra, después de oír misa en la capilla secreta de Roger, y él, y yo, con Berta y con Jacobo, íbamos por esos campos a los valles, a las lomas; donde no hay ni odios, ni luchas, ni salmos que hielan, ni pregones que espantan, ni calvinistas de traje oscuro y rostro sombrío! ¡Desde que se marchó Conrado me parece haber caído en un abismo sinaire y sin luz! Y luego ese Walter..., ¡que recobre la salud, Dios mío, y que nos deje!... ¡Que huya, que huya de esta casa ese infame calvinista!

ESCENA II MARGARITA y BERTA, por la derecha, primer término.

MARGARITA.-¡Ah!... ¡Berta!... Ven, acércate. ¿Por qué no te acercas? BERTA.-(Desde la puerta, levantando el tapiz y en voz baja.) ¿Estás sola, Margarita? MARGARITA.-Sola estoy; no temas.BERTA.-(Acercándose poco a poco con precaución, y después de mirar a la segunda puerta del mismo lado.) Pero él.... ¿no vendrá? MARGARITA.-¿Hablas de Walter? BERTA.-Calla, no pronuncies su nombre. Sí, de él te hablaba. MARGARITA.-Pues nunca viene a esta sala de propio impulso, y cuando hasta ella, por acaso, acompaña a Jacobo, ya se le oye bajar la escalera, que su paso lento y firme hace crujirla vetusta armazón. BERTA.-Es que si yo lo viese, si clavase en mí su mirada... ¡Margarita, hija mía, yo creo que me moriría de espanto! MARGARITA.-Para tal espanto no hay causa, ni hay razón. Más que a ti me repugna ese feroz hereje, ese calvinista cruel, que en Francia y en Alemania fue azote de católicos, que con sangre de nuestros hermanos está manchado, y que es, aquí en Ginebra, granconsejero de Calvino; pero entre la repugnancia y el espanto hay buen trecho que andar, mi pobre Berta. BERTA.-Ya; a ti ningún mal puede hacerte; antes debe estarte agradecido, si de agradecimiento es capaz Walter; pero a mí... es distinto. MARGARITA.-¿Por qué, Berta? (Con interés.) ¿Le conociste en otro tiempo? BERTA.-(Pensativa.) Acaso. ¡Ah!... ¡Suceden cosas, tan extrañas!

MARGARITA.-Tú me ocultasalgún secreto, madre mía. En las dos semanas que Walter está en mi casa ni una vez has querido verle, y huyes cuando él se acerca, como huirías de la muerte. BERTA.-Esa es la palabra; como huiría de la muerte. MARGARITA.-Te ruego que me expliques tu conducta, y callas y lloras. BERTA.-¿Qué otra cosa he de hacer? MARGARITA.-Insisto, y huyes también de mí. ¡De mí, que te quiero como si fueses mimadre! BERTA.-No; de ti no, hija mía, mi querida Margarita. Tú eres muy buena y muy hermosa. Hermosa como las madonas que veíamos en Italia; buena como los ángeles que tiene Dios en el cielo. MARGARITA.-No me adules así, que tal adulación como ésta dejes tiene de blasfemia. BERTA.-No fuera maravilla que a blasfemia sonase; ¡quién no blasfema teniendo cerca a Walter! MARGARITA.- ¡Otra vez!...
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