La nariz

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LA NARIZ NICOLAI GOGOL

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La nariz

Nicolai Gogol

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El 25 de marzo tuvo lugar en San Petersburgo un suceso de lo más extraño. En la avenida de Vosnesenski vivía el barbero Iván Yakovlievich; su apellido se había perdido, y no figuraba en la placa donde aparecían pintados un señor con la mejilla enjabonada y el siguiente letrero: «Sehacen sangrías». El barbero Iván Yakovlievich se había despertado bastante temprano, reparando al punto en el olor a pan caliente. Incorporándose un poco en la cama, vio que su esposa, una señora de aspecto bastante respetable, muy aficionada al café, sacaba del horno pan recién cocido. -Hoy no tomaré café, Prascovia Osipovna -dijo Iván Yakovlievich-. En lugar de ello, tengo ganas de comer pancaliente con cebolla. Es decir, Iván Yakovlievich quería lo uno y lo otro, pero sabía que era imposible exigir ambas cosas a la vez, pues a Prascovia Osipovna no le agradaban semejantes caprichos. «¡Que coma pan el muy tonto! Tanto mejor para mí -pensó su mujer para sus adentros-; así quedará más café.» Y echó un pan sobre la mesa. Iván Yakovlievich, por decoro, se puso el frac sobre la camisa, ytras haberse sentado a la mesa, echó sal, preparó dos cabezas de cebolla, cogió el cuchillo y, haciendo una mueca significativa, se dispuso a cortar el pan. Al partirlo en dos pedazos miró al centro, y con gran sorpresa vio algo que brillaba. Con sumo cuidado, Iván Yakovlievich introdujo el cuchillo y lo palpó con el dedo: «¡Qué duro está! -pensó para sí-. ¿Qué será?» Metió los dedos y sacó...,¡horror!, ¡una nariz!... Iván Yakovlievich se quedó petrificado. Empezó a restregarse los ojos y a palpar la nariz. Sí, no cabía duda: se trataba de una nariz, y hasta le parecía que era de un conocido. El espanto le cambió el semblante. Pero este espanto no fue nada comparado con la indignación de su esposa. -¡Qué bárbaro! ¿Dónde cortaste esa nariz? -gritó, furiosa-. ¡Canalla, borracho! Yo misma tedenunciaré a la Policía. ¡Jesús, qué bandido! Ya es la tercera persona a quien oigo decir que cuando afeitas, tiras tanto de la nariz que no hay quien lo resista. Iván Yakovlievich estaba más muerto que vivo. Había reparado en que la nariz era del asesor colegiado Kovaliev, a quien afeitaba todos los miércoles y domingos. -¡Aguarda, Prascovia Osipovna! La envolveré en un trapo y la dejaré en unrincón. Que esté allí un rato; ya la sacaré luego. -¡Ni hablar! ¿Crees que voy a consentir que haya en mi cuarto una nariz cortada?... ¡Vaya calamidad! ¡Sólo sabe pasar la navaja por la correa, y pronto no estará en condiciones de cumplir con su oficio el muy tuno! ¿Y piensas que te voy a defender ante la Policía?... Eres un chapucero, ¡más tonto que un leño! ¡Sácala de aquí! ¿Me oyes? Llévatela adonde te dé la gana, pero que no vuelva yo a saber más de ella. Iván Yakovlievich se quedó como si hubiera caído un rayo a sus pies. Estuvo reflexionando un buen rato, sin saber qué decisión tomar. «El diablo sabrá cómo pudo suceder esto -dijo, al fin rascándose una oreja-. Yo no puedo asegurar que no regresara anoche borracho, pero, a juzgar por las señales el hecho es inadmisible, pues el pan estácocido y la nariz no lo está. ¡No entiendo nada de esto!» Iván Yakovlievich se quedó callado. La idea de que la Policía podía hallar la nariz en su casa lo dejó completamente atontado. Ya se imaginaba ver el cuello escarlata con los hermosos bordados de plata, la espada... y todo su cuerpo quedó tembloroso. Por fin, sacó su ropa interior y sus botas, se vistió y, acompañado de las durasamonestaciones de Prascovia Osipovna, envolvió la nariz en un trapo y salió a la calle. Tenía la intención de deshacerse de ella en cualquier sitio; en el guardacantón
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debajo de la verja, o dejarla caer, como por casualidad, y torcer hacia un callejón, pero, por desgracia, tropezaba cada vez con algún conocido, que le preguntaba en el acto:...
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