La pena

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  • Publicado : 23 de mayo de 2011
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REPORTE DE LECTURA DEL LIBRO “CASTIGAR Y VIGILAR” DE MICHEL FOUCAULT
Cualquier saber humano, cualquier existencia humana, es como una malla cuyos hilos están trazados por estructuras escondidas; los elementos de estas estructuras determinan lo que el ser humano piensa y realiza.
Foucault estudia la dinámica del poder como castigo y analiza el proceso a través del cual se redistribuye laeconomía del castigo, desde los suplicios del siglo XVIII, hasta el empleo del tiempo en el sistema penal actual, en el que el castigo deviene más sutil, menos físico y el cuerpo desaparece como blanco del castigo. En casi un siglo desaparece, el espectáculo punitivo, y se vuelve oculto, abstracto. El castigar ha pasado de un arte de las sanciones insoportables a una economía de los derechos suspendidos.Hasta el siglo XVIII las líneas que diferenciaban lo lícito de lo ilícito eran fijadas por el aparato jurídico, el derecho civil y penal, el derecho canónico y la pastoral cristiana. Estas leyes eran muy estrictas y las penas con las que amenazaban de una crueldad extrema, pretendían regular lo decente. Lo indecente, lo ilícito, era perseguido y condenado con especial virulencia, como una formaextrema de infracción a la ley; las prohibiciones eran de carácter jurídico. En efecto, se abandonan el recurso sistemático delos suplicios para pasar, con la creación de la institución carcelaria al procedimiento generalizado del encierro y de la privación de la libertad. No es un sujeto quién produce saber, sino que el poder produce saber y es el saber quien determina las formas de dominioposibles. La prisión se convierte en un aparato de saber minucioso que tiene por objeto sancionar y evitar la reincidencia. La justicia persigue al cuerpo más allá de todo sufrimiento posible, el suplicio penal no cubre cualquier castigo corporal; Foucault distingue tres formas de ejercer el poder: el cuerpo objeto de suplicio, el alma cuyas manifestaciones se manipulan y el cuerpo que se domina. Deestas tres tecnologías del poder, es la tercera la que constituye el modelo coercitivo, corporal, solitario, secreto, ejercicio físico del castigo, aunque diferente del suplico que ha predominado.
La desaparición de los suplicios es, pues, el espectáculo que se borra; y es también el relajamiento de la acción sobre el delincuente. Se dirá: la prisión, la reclusión, los trabajos forzados, elpresidio, la interdicción de residencia, la deportación son realmente penas “físicas”; a diferencia de la multa, recaen, y directamente, sobre el cuerpo. Pero la relación castigo-cuerpo no es en ellas idéntica a lo que era en los suplicios. El cuerpo se halla aquí como instrumento o como intermediario; si se interviene sobre él encerrándolo o haciéndolo trabajar, es para privar al individuo de unalibertad considerada como un derecho y como un bien. El cuerpo queda prendido de un sistema de coacción y de privación, de obligaciones y de prohibiciones. El sufrimiento físico no son ya los elementos constitutivos de la pena. Hay una anulación del dolor. El castigo ha pasado de un arte de las sensaciones insoportables a una economía de los derechos suspendidos. Y si le es preciso todavía a la justiciamanipular y llegar al cuerpo, será de lejos y según unas reglas austeras. Un ejército entero de técnicos ha venido a relevar al verdugo, anatomista inmediato del sufrimiento: los vigilantes, los médicos, capellanes, psiquiatras, psicólogos, educadores. A la justicia le garantizan que el cuerpo y el dolor no son los objetivos últimos de su acción punitiva. Hoy un médico debe establecer unavigilancia sobre los condenados a muerte. Cuando se los está por ejecutar, se les inyecta un tranquilizante. Utopía del pudor judicial: quitar la existencia evitando sentir el daño. El recurso a la psicofarmacología se encuentra dentro de la lógica de esta penalidad “incorporal”.
De este doble proceso desaparición del espectáculo, anulación del dolor son testigos los rituales modernos de la ejecución...
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