La rogativa - augusto roa bastos

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1.
Salió despacio de entre los bananeros como una vestezuela satisfecha.
Una pequeña larva humana avanzando entre los amarillentos colgajos de las hojas. Alrededor e una boca había tierra, restos de furtivos banquete en el bananal. Aun se chupaba los dedos en persecución de las últimas migajas. La tierra estaba dura y reseca. No pudo escabar muy hondo hasta el mantillo grasiento donde antes dela sequía abundaban las liendres de la tierra: frescos y gordos gusanillos blancos parecidos a tartas de pella entre terrones y con un sabor rancio y azucarado. Poilú no encontró ni un solo sevo’i. En el fondo se alegro. Les tenía cierto miedo a los bichos. La tierra sola le gustaba más; la tierra pegajosa y oscura que había debajo de los yuyos, especialmente debajo de la hierbabuena y el hinojo.Podía distinguirla con los ojos cerrados, por el perfume. Conocía los mejores sitios del bananal. Pero la tierra había dejado de ser pegajosa. Y hasta el sabor estaba cambiando. Pero por lo menos había calmado su hambre. Solo la sed continuaba brillando con un reclamo intenso y doloroso al fondo de los ojillos color tabaco.
Era el reclamo que reinaba en todas partes; un clamor seco ycrepitante. En la tierra, en las hojas, en la gente.
Se oían los rezos monótonos y plañideros en la capilla; los sonos cascados y opacos de la campana volteada a trechos como si hubiera muerto alguien. Estaban todos metidos ahí, desde la mañana temprano, rezando y cantando a Dios para que lloviese. Terminaban y volvían a empezar sin descanso: el coro compacto de voces afligidas trepándose sobre elvozarrón del cura. El clamor subía y se expandía en el aire quieto, semejante al zumbido de un lembu patas arriba contreta el azote.

2.
Poilú era hija de Anuncia, que era la concubina de Timoteo Aldama, que era a su vez tropero de los Filártiga.
Timó Aldama había “desgraciado” un hombre de una cuchillada. Asuntos de apuestas en las carreras de del Kandeá. Un desafío, un ataque a traición. Cosas delmachaje. Andaba huido de las comisiones policiales. Unos días después, el herido murió de gangrena. Timo no pudo volver. La cruz de un aguaí lo convertía en proscripto. El comisario de Santa Clara no lo quería. Tenía con el una vieja deuda. El mismo encabezaba las batidas. Un tiempo después se supo que Timó había muerto en el ciclo que asoló Villa Encarnación.
Anuncia se las arreglaba comopodía, conchabándose para recoger el maíz y la mandioca en las chacras y, alguna que otra vez, vendiendo alojas y chipá en las riñas de gallote Ñu Guazú. Eso quedaba bastante lejos, pero a las carreras de Kandea no podía ir como antes, después de lo que había hecho Timó. A la barragana del “juido” nadie le compraba nada.
Poilú quedaba siempre sola en el rancho. Anuncia tenía bastante para andar unalegua con su lata de aloja y su pesado canasto de chipas y fritangas.
Con la sequía de seis meses se había acabado el maíz y la mandioca, se habían acabado las riñas y las carreras. Se había acabado toso. No quedaba otra cosa que esperar y rezar. Los que estaban mas apurados ya iban muriendo.
No0 brotaba ni la maleza. Pero la angustia y la desesperación habían hecho retoñar vigorosamente la fede la población. La capilla resulto chica para contener este repentino florecimiento de espíritu religioso. Desde que es Pai Benítez ordeno la rogativa, las ovejas mas negras habían vuelo al redil. Todos querían ponerse bien con Dios en el momento de la prueba.
-Somos elegidos de Dios – Clamaba el Pai Benítez con voz engolada y escaso convencimiento. – Debemos aceptar el castigo y tratar de sermas buenos para merecer el perdón. Con sus palabras caía sobre los feligreses un medroso aire de constricción.
Entre los “elegidos” no faltaban conocidos cuatreros y hasta viejos criminales, algunos de los cuales tenían tres marcas en los mangos de sus cuchillos, pero cuyos delitos había prescripto como cuentas incobrables. Las miradas de Dios no hacían distingos.
El hambre y la sed daban...
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