La soga

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Uno
    Aconreció en días que la memoria se resiste a convocar más por lo desdichados que por su lejanía- que el Hombre Cruel salió a recorrer sus dominios de oscuridad y tristeza. El Hombre Cruel desconocía el arrepentimiento y la piedad, y ninguna duda nacía en su corazón cuando veía el mal que había sembrado, en años de señorío, sobre aquel territorio. Su breve viaje sólo tenía por finsolazarse en la contemplación de sus riquezas, sus tierras, sus siervos. Con ellos solía agregar algunas gotas a sus mares de indignidad, humillándolos, haciéndoles sentir lo desnudos que estaban ante el inmenso poder del Hombre Cruel. 
Esa mañana fue el turno de Lorenzo, un joven que sudaba en campos arrendados, cercanos a los bajíos, malos para la labranza, pero a los que el esfuerzo cíe suinquilino había vuelto tenuemente productivos. Como con todos los campesinos que vivían en sus fincas, el Hombre Cruel mostraba su magnanimidad cobrándole apenas la mitad de lo cosechado a cambio de permitirle laborar en sus posesiones.
    Pero no eran las espigas el logro de Lorenzo que el amo más anhelaba. No. El muchacho había entregado su corazón a Isela, quien le correspondía con una urgencia yabundancia que le habían dado fama entre las mujeres de la región. El Hombre Cruel envidiaba esa alegría ajena. No era tonto y sabía que la pasión de la que gozaba tan a menudo tenía más sabor a dinero que a entrega verdadera. A la vista de Lorenzo, guadaña en mano, renovó la ira que sentía contra cualquiera que disfrutara de lo que él no disfrutaba. Espoleó su caballo hasta ponerse a tiro depalabra.
--Buen día tengas, Lorenzo.
--Buen día tenga usted, señor.
--Veo que estás preparando el campo para una nueva siembra.
--Eso está muy bien, hijo mío.
--Se hace lo que se puede, señor.
        El Cruel miró sus ricos terrenos cercanos a los de Lorenzo y una luz de inteligencia atravesó su mirada.
        Estuve pensando, mientras te veía de lejos tan apegado a quitar la maleza, ¿no tevendría bien trabajar también los campos del arroyo, que no tienen ahora quien los arriende?
        Al joven se le iluminó la cara. El doble de trigo podría sacarle a esas tierras. Ocurre con los espíritus alejados de la maldad, que no sospechan la trampa detrás de la mano extendida.
--¡Nada me vendría mejor, amo! -casi gritó con una incredulidad que no le cabía en el alma.
--Pero no serásencillo ganártelos, Lorenzo. Varios de mis mejores me han pedido esos terrenos. Sin embargo, si dentro de dos días, al volver yo a pasar, los encuentro sin una brizna de mala hierba, te los daré a ti. ¿Serás capaz de hacer esto?
--¿Dos días, señor?
--Dos días, Lorenzo.
--Tendría que trabajar día y noche con todas mis herramientas.
--Seguramente. Pero si no te sientes capaz, sé sincero conmigo.Siempre habrá quien lo pueda intentar.
--No, no. Yo lo haré. Sólo que no tengo aquí lo que requiero y volver a mi casa por mis cosas me quitará al menos media jornada.
--No tengas cuidado por eso. Yo puedo cabalgar hasta tu casa, si le escribes una nota a tu mujer rogándole que me entregue todo lo que necesitas. Deja eso por mi cuenta. Toma mi pluma y este papel.
--Señor, nunca podréagradecerle...
--Ya, ya, no lo menciones más y escribe esto que te dictaré. ¿Cómo le dices a ella en tratos de familiaridad?
--Nada especial: Isela mía.
--Bien. Empieza así: “Isela mía, entrégale al señor todo lo que él te pida. Ya te explicaré más tarde el porqué de este extraño pedido. Es una sorpresa que nos llenará de felicidad...”
    Lorenzo escribió sin ver más allá de las nuevas cosechas quevendrían. Y el Hombre Cruel partió, nota en mano, a agregarle una nueva herida a la mañana.
    El sol era ya una certeza plena en el centro del cielo, cuando el Hombre Cruel dio voces en la casa de Lorenzo. Isela salió a recibir al dueño del suelo que pisaba.
--Hola, muchacha, ¿sabes quién soy?
--Claro que sí, señor. Usted es el Amo.
--Bien. Yo también sé de ti, así que nos ahorraremos las...
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