La tarea del pensamiento

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La tarea del pensamiento.

por Andrés Devesa
 La preocupación por el descenso —tal vez deberíamos decir declive— de la lectura entre los jóvenes —y los no tan jóvenes— es un tema que se halla muy presente en los mass media y en despachos de los altos funcionarios de la educación.Son habituales tanto los artículos y reportajes por un lado, como los informes, estadísticas y “planes de fomento de la lectura” por el otro, en los que se trata este tema. No es sólo que prácticamente no se lea, es que nuestros escolares son incapaces de comprender lo que leen, no hablemos ya de la capacidad de realizar una lectura crítica.
En relación con este tema, el año pasado aparecióun artículo de Juan José Millás en el que relataba cómo un amigo suyo le había pedido consejo, angustiado porque su hijo ¡prefería leer a Flaubert antes que salir a tomar cervezas con los amigos! Millás acepta la petición de su amigo para hablar con el chaval, pero, lejos de amonestarle por su rareza, se decide a ayudarle a leer a Virgilio de forma clandestina (1). Se non è vero, è ben trovato.Relato verídico o ficción, lo cierto es que Millás pone el dedo en la llaga, aunque, temeroso quizás de ahondar demasiado en la herida, lo retira rápidamente, no fuese a llegar a conclusiones demasiado inquietantes.
Desgraciadamente, el problema de la falta de lectura no es un fenómeno aislable que pueda ser solucionado con reformas educativas o con “planes de fomento de la lectura”. Estamosante un reflejo de la irracionalidad del mundo en el que vivimos, algo que los burócratas, pedagogos y demás técnicos y especialistas no pueden o no quieren entender. De lo que hablamos es de la totalidad de nuestra forma de vida y no de un aspecto u otro de las estrategias culturales y educativas; no se trata de ningún conflicto entre high culture y low culture, no es una cuestión de kitsch, ni desubculturas, ni de rebelión juvenil, ni de la inoperatividad —por otra parte evidente— del sistema educativo. Se trata de algo mucho más profundo, porque lo que está en juego es la Cultura, es nuestra relación con el mundo que vivimos, es nuestra capacidad para (re)presentarnos la realidad y, en última instancia, nuestra capacidad para poder ser libres.
Que vivimos en la cultura de laimagen es algo de sobra conocido. Pero entender qué significa esto ya es otra cuestión. Nuestra relación con el mundo se lleva a cabo fundamentalmente a través de imágenes: televisión, videojuegos, internet, cine, anuncios, etc. ¿Cómo no vamos a estar mediatizados por ellas? (2) La imagen está siempre presente en nuestras vidas y, para un número cada vez mayor de personas, toda la comprensión delmundo se realiza a través de esas imágenes. Este fenómeno no es en ningún modo neutral, puesto que la imagen implica pasividad, que es uno de los grandes males de nuestra época; no somos ni mejores ni peores que las generaciones que nos precedieron, simplemente se ha instalado entre nosotros y la realidad que vivimos una separación, un muro que es muy difícil saltar.
«Esa pasividad supone unadormecimiento del pensamiento. La imagen nos presenta una realidad ya digerida, lista para consumir, por lo que el pensamiento —el lenguaje hablado o escrito— es sustituido por la imagen —la vista— como criterio básico de nuestra relación con la realidad» (3). Esto provoca un empobrecimiento de nuestra capacidad intelectual, ya que si no se ejercita el pensamiento, si no lo ponemos a trabajar,tampoco se desarrolla, languidece plácidamente en un estado de embotamiento intelectual en el que quedamos reducidos a zombies sumisos listos para ser programados por la pantalla. Donde domina la mercancía, la productividad es el único criterio válido y, por tanto, quien marca las pautas. El tiempo es oro y no podemos perderlo pensando por nosotros mismos, necesitamos acumular datos que nos puedan...
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