La vida sexual de los seres humanos

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  • Publicado : 1 de mayo de 2011
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La vida sexual
de los seres humanos
(Ver nota(65))
Señoras y señores: Y sin embargo, se creería que no puede dar lugar a dudas qué ha de
entenderse por «sexual». Y bien, ante todo, lo sexual es lo indecoroso, aquello de lo que no está
permitido hablar. Me han contado que los alumnos de un famoso psiquiatra se tomaron una vez
el trabajo de convencer a su maestro de que los síntomas de lashistéricas figuran con
muchísima frecuencia cosas sexuales. Con este propósito lo llevaron ante el lecho de una
histérica cuyos ataques imitaban indudablemente el proceso de un parto. Pero él dijo,
meneando la cabeza: «Bueno, pero un parto no es nada sexual». No en todas las
circunstancias, claro está un parto tiene que ser algo indecoroso.
Ya veo que les disgusta que tome en broma cosas tanserias. Pero no es enteramente broma.
En serio: no es fácil indicar el contenido del concepto «sexual». Todo lo que se relaciona con la
diferencia entre los dos sexos: eso sería quizá lo único pertinente, pero ustedes lo hallarán
incoloro y demasiado amplio. Si ponen en el centro el hecho del acto sexual, enunciarán tal vez
que sexual es todo lo que con el propósito de obtener una ganancia deplacer se ocupa del
cuerpo, en especial de las partes sexuales del otro sexo, y, en última instancia, apunta a la
unión de los genitales y a la ejecución del acto sexual. Pero entonces no están ustedes muy
lejos de la equiparación entre lo sexual y lo indecoroso, y en realidad el parto no pertenecería a
lo sexual. Ahora bien, si convierten a la función de la reproducción en el núcleo de lasexualidad,
corren el riesgo de excluir toda una serie de cosas que no apuntan a la reproducción y, no
obstante, son con seguridad sexuales, como la masturbación y aun el besar. Pero ya estamos
al tanto de que ensayar definiciones nos acarrea siempre dificultades; renunciemos a tener
mejor suerte en este caso. Podemos vislumbrar que en el desarrollo del concepto de «sexual»
ha ocurrido algo que,según una feliz expresión de H. Silberer, tuvo por consecuencia un «error
de superposición(66)».
En general, no carecemos de orientación acerca de lo que los hombres llaman sexual. Para
todas las necesidades prácticas de la vida cotidiana, bastará algo que combine las referencias
a la oposición entre los sexos, a la ganancia de placer, a la función de la reproducción y al
carácter de loindecoroso que ha de mantenerse en secreto. Pero para la ciencia no basta con
eso. En efecto, cuidadosas indagaciones, que por cierto sólo pudieron realizarse tras un
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abnegado olvido de sí mismo, nos han hecho conocer a grupos de individuos cuya «vida
sexual» se aparta, de la manera más llamativa, de la que es habitual en el promedio. Una parte
de estos «perversos» han borrado de su programa, porasí decir, la diferencia entre los sexos.
Sólo los de su mismo sexo pueden excitar sus deseos sexuales; los otros, y sobre todo sus
partes sexuales, no constituyen para ellos objeto sexual alguno y, en los casos extremos, les
provocan repugnancia. Desde luego, han renunciado así a participar en la reproducción. A estas
personas las llamamos homosexuales o invertidos. Muchas veces -no siempre-son hombres y
mujeres por lo demás intachables, de elevado desarrollo intelectual y ético, y aquejados sólo de
esta fatal desviación. Por boca de sus portavoces científicos se presentan como una variedad
particular del género humano, como un «tercer sexo» a igual título que los otros dos. Quizá
tengamos después oportunidad de someter a crítica sus pretensiones. Por cierto que ellos no
son,como gustarían proclamarse, una «cepa selecta» de la humanidad, sino que incluyen por
lo menos tantos individuos inferiores e inútiles como los que hay en cualquier otra variedad en el
orden sexual.
De todos modos, estos perversos hacen con su objeto sexual más o menos lo mismo que los
normales con el suyo. Pero sigue luego una larga serie de anormales cuyas prácticas sexuales
se apartan...
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