Lazos de sangre-latido

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Índice Portada Capítulo 1 Capítulo 2 Capítulo 3 Capítulo 4 Capítulo 5 Capítulo 6 Capítulo 7 Capítulo 8 Capítulo 9 Capítulo 10 Capítulo 11 Capítulo 12 Capítulo 13 Capítulo 14 Capítulo 15 Capítulo 16 Capítulo 17 Capítulo 18 Capítulo 19 Capítulo 20 Capítulo 21 Capítulo 22 Capítulo 23

Capítulo 24 Capítulo 25 Capítulo 26 Capítulo 27 Capítulo 28 Capítulo 29 Capítulo 30 Capítulo 31 Capítulo 32Capítulo 33 Capítulo 34 Capítulo 35 Capítulo 36 Créditos

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Jack me sonrió por encima del tablero de ajedrez de cristal y cualquier pensamiento que pudiera tener relacionado con el juego se esfumó por completo. Desde que tres semanas atrás hiciera la transformación y pasara de ser una chica normal y corriente de diecisiete años a una vampira con todas las de la ley, me costaba mucho másconcentrarme en cualquier cosa. Gracias a mis nuevos sentidos, Jack me parecía aún más fabuloso que antes. Cuando en aquel momento movió la mano para tocar un peón, su aroma suave y penetrante y su sangre me hicieron la boca agua. Lo encontraba mucho más atractivo que nunca y me pasaba las horas contemplándolo embobada. —Ejem. —Milo tosió con más fuerza de la necesaria teniendo en cuenta que para llamar miatención le hubiera bastado con un simple cambio en su respiración. Los sonidos se habían magnificado. Y a pesar de que no alcanzaba a oír el batir de alas de una mariposa, mi oído había mejorado de manera tremenda. Y era especialmente sensible a los latidos del corazón y a la sangre. —Creía que querías aprender a jugar al ajedrez —dijo Milo.

Se sentó en el mullido sillón, detrás de nosotros, ydejó caer una pierna por encima del brazo. En años humanos yo era un año y medio mayor que él, pero lo cierto es que él llevaba más tiempo como vampiro. Sus grandes ojos oscuros le otorgaban ahora una mirada profunda y misteriosa, distinta al aspecto inocente e ingenuo que había reflejado siempre mientras era humano. El cambio le sentaba la mar de bien. —Lo sé, lo sé —dije, y a Jack le hizogracia verme tan apabullada—. Repasemos una vez más lo de la torre. —Ni siquiera estás intentándolo —dijo Milo con un suspiro. —Tienes que tomártelo en serio —añadió Jack, con un tono muy respetuoso. De hecho, nuestra relación lindaba la obsesión enfermiza, aunque ello tenía que ver tanto con mi cambio como con nuestra reciente vinculación. Todo el mundo nos decía que con el tiempo aquello iríaapaciguándose hasta situarse en un nivel aceptable. Sin el menor esfuerzo por mi parte, mi cuerpo se inclinó automáticamente hacia él. Por debajo de la mesa, Jack había empezado a acariciarme la pierna con el pie para conseguir que le prestara atención. El contacto con mi pantorrilla, incluso con el calcetín de por medio, me volvía loca. El corazón me latía con insolencia pero además, a diferencia deantes, ahora también podía oír el suyo. —Muy bien, sé perfectamente lo que estáis haciendo — dijo Milo, asqueado. —¡Lo siento! —Retiré la pierna.

—¡Lo siento! —Retiré la pierna. —Eso no ha tenido ninguna gracia —refunfuñó Jack, pero no hizo más intentos de reanudar el contacto. Ezra, el hermano de Jack, insistía en que durante un tiempo mantuviéramos las distancias. Mis emociones solían acabar conlo mejor de mí. Cualquier cosa que conllevara pasión, como la sensación de hambre o el deseo, me obnubilaba por completo y, si nos poníamos juguetones, cabía la posibilidad de que incluso acabara matando a Jack. De modo que estábamos vigilados constantemente, para lo cual se turnaban Milo, Ezra y Mae, la esposa de Ezra. Jack llegó por fin a la conclusión de que no era un buen maestro de ajedrez ydejó que Milo ocupara su lugar. Mi hermano volvió a explicarme las reglas mientras Jack se acomodaba en el sofá. Su gigantesco perro pastor de los Pirineos blanco, Matilda, le acercó la correa para que saliera a jugar con ella. A pesar de que se había alejado de nosotros, mi atención continuaba centrada en él. —¡Alice! —Milo chasqueó los dedos delante de mi cara, en un intento de apartar mi...
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