Ldayana

Solo disponible en BuenasTareas
  • Páginas : 103 (25733 palabras )
  • Descarga(s) : 0
  • Publicado : 17 de agosto de 2012
Leer documento completo
Vista previa del texto
El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde
Stevenson, Robert Louis

Published: 1886 Categorie(s): Fiction, Horror Source: http://es.wikisource.org/wiki/Robert_Louis_Stevenson

1

Acerca Stevenson: Robert Louis (Balfour) Stevenson (November 13, 1850–December 3, 1894), was a Scottish novelist, poet, and travel writer, and a leading representative of Neo-romanticism in English literature. Hewas the man who "seemed to pick the right word up on the point of his pen, like a man playing spillikins", as G. K. Chesterton put it. He was also greatly admired by many authors, including Jorge Luis Borges, Ernest Hemingway, Rudyard Kipling and Vladimir Nabokov. Most modernist writers dismissed him, however, because he was popular and did not write within their narrow definition of literature.It is only recently that critics have begun to look beyond Stevenson's popularity and allow him a place in the canon. Source: Wikipedia Also available on Feedbooks for Stevenson: • El diablo de la botella (1893) • Markheim (1885) Note: This book is brought to you by Feedbooks http://www.feedbooks.com Strictly for personal use, do not use this file for commercial purposes.

2

Capítulo

1Historia de la puerta
Utterson, el notario, era un hombre de cara arrugada, jamás iluminada por una sonrisa. De conversación escasa, fría y empachada, retraído en sus sentimientos, era alto, flaco, gris, serio y, sin embargo, de alguna forma, amable. En las comidas con los amigos, cuando el vino era de su gusto, sus ojos traslucían algo eminentemente humano; algo, sin embargo, que no llegabanunca a traducirse en palabras, pero que tampoco se quedaba en los mudos símbolos de la sobremesa, manifestándose sobre todo, a menudo y claramente, en los actos de su vida. Era austero consigo mismo: bebía ginebra, cuando estaba solo, para atemperar su tendencia a los buenos vinos, y, aunque le gustase el teatro, hacía veinte años que no pisaba uno. Sin embargo era de una probada tolerancia con losdemás, considerando a veces con estupor, casi con envidia, la fuerte presión de los espíritus vitalistas que les llevaba a alejarse del recto camino. Por esto, en cualquier situación extrema, se inclinaba más a socorrer que a reprobar. -Respeto la herejía de Caín -decía con agudeza-. Dejo que mi hermano se vaya al diablo como crea más oportuno. Por este talante, a menudo solía ser el últimoconocido estimable, la última influencia saludable en la vida de los hombres encaminados cuesta abajo; y en sus relaciones con éstos, mientras duraban las mismas, procuraba mostrarse mínimamente cambiado. Es verdad que, para un hombre como Utterson, poco expresivo en el mejor sentido; no debía ser difícil comportarse de esta manera. Para él, la amistad parecía basarse en un sentido de genérica, benévoladisponibilidad. Pero es de personas modestas aceptar sin más, de manos de la casualidad, la búsqueda de las propias amistades; y éste era el caso de Utterson. Sus amigos eran conocidos desde hacía mucho o personas de su familia; su afecto crecía con el tiempo, como la yedra, y no requería idoneidad de su objeto.

3

La amistad que lo unía a Nichard Enfield, el conocido hombre de mundo, erasin duda de este tipo, ya que Enfield era pariente lejano suyo; resultaba para muchos un misterio saber qué veían aquellos dos uno en el otro o qué intereses podían tener en común. Según decían los que los encontraban en sus paseos dominicales, no intercambiaban ni una palabra, aparecían particularmente deprimidos y saludaban con visible alivio la llegada de un amigo. A pesar de todo, ambosapreciaban muchísimo estas salidas, las consideraban el mejor regalo de la semana, y, para no renunciar a las mismas, no sólo dejaban cualquier otro motivo de distracción, sino que incluso los compromisos más serios. Sucedió que sus pasos los condujeron durante uno de estos vagabundeos, a una calle de un barrio muy poblado de Londres. Era una calle estrecha y, los domingos, lo que se dice tranquila,...
tracking img