Libro el silencio de los inocentes - thomas harris

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El silencio de los inocentes
Thomas Harris

A la memoria de mi padre Si sólo por motivos humanos luché con las fieras en Éfeso, ¿qué me aprovechó, si los muertos no resucitan? 1. CORINTIOS ¿Habré de contemplar una calavera en un anillo, yo que llevo una en el rostro? JOHN DONNE, Devociones

CAPÍTULO 1
Ciencias del Comportamiento, la sección del FBI que se ocupa de resolver los casos dehomicidio cometidos por asesinos reincidentes, se encuentra en un semisótano del edificio de la academia de dicha institución en Quantico, medio sepultada bajo tierra. Clarice Starling llegó a ella arrebolada tras una rápida caminata desde Hogan's Alley, donde se hallaba el campo de tiro. Llevaba briznas de hierba en el pelo y manchas en la cazadora del uniforme por haber tenido que arrojarse alsuelo durante el tiroteo de un simulacro de arresto. No halló a nadie en la oficina de recepción y se ahuecó brevemente el cabello al advertir su reflejo en las puertas de vidrio. Sabía que sin necesidad de arreglarse estaba atractiva. Las manos le olían a pólvora, pero no tenía tiempo de lavárselas; la orden de Crawford, el jefe de la sección, había especificado ahora mismo. Encontró a Jack Crawfordsolo en la atiborrada sala de oficinas. Estaba de pie, junto a una mesa que no era la suya, hablando por teléfono, lo cual permitió a Clarice observarle con tranquilidad. Era la primera vez que le veía en un año y lo que vio la impresionó. El aspecto habitual de Crawford era el de un ingeniero de edad madura, bien conservado, que podía haberse pagado la carrera jugando a béisbol; debía haber sidoun hábil 'catcher', capaz de bloquear con dureza la base del bateador. Ahora había adelgazado, el cuello de la camisa le quedaba grande y tenía bolsas oscuras bajo los ojos enrojecidos. Quienquiera que leyese los periódicos sabía que la sección de Ciencias del Comportamiento estaba recibiendo severas críticas por todas partes. Starling confió que a Crawford no le hubiera dado por beber. Tal cosaparecía aquí muy improbable.

Crawford acabó su conversación telefónica con un tajante: «No». Cogió el expediente de la joven, que sujetaba bajo el brazo y lo abrió. —Starling, Clarice M., buenos días —dijo. —Hola. —La sonrisa de la muchacha fue meramente cortés. —No ocurre nada grave. Espero que mi llamada no la haya asustado. —No. —Respuesta un tanto inexacta, pensó Starling. —Sus profesoresme han dicho que lleva usted el curso muy bien; está entre los primeros de la clase. —Más o menos; no suelen prodigar tales informaciones. —Soy yo el que de vez en cuando les pido que me tengan al corriente. Esta afirmación sorprendió a Starling; había tachado a Crawford de su lista, tildándole de sargento de reclutas, hijo de puta e hipócrita. Clarice conoció a Crawford, agente especial del FBI,cuando éste fue contratado como conferenciante temporal por la Universidad de Virginia. La excelencia de los seminarios de criminología que en ella impartió fue factor determinante en la decisión de la joven de ingresar en el FBI Cuando se le notificó que había sido aceptada y se matriculó en la academia, le escribió una tarjeta, a la cual Crawford no contestó y durante los tres meses de curso queya llevaba en Quantico, él la había ignorado por completo. Starling procedía de esa clase de gente que no pide favores ni solicita amistad, pero de todos modos la conducta de Crawford la había desconcertado y dolido. En ese momento, al encontrarse de nuevo en su presencia, notó con cierto disgusto que volvía a serle simpático.

Era evidente que tenía algún problema. Aparte de su inteligencia,Crawford poseía un peculiar discernimiento que, según Starling había advertido, se manifestaba en su sentido para combinar los colores y texturas de su atuendo, incluso dentro del limitado radio de acción que permitía el uniforme de agente del F B I. En este momento iba aseado pero deslucido, como si estuviera mudando el plumaje. —Ha salido un trabajo y he pensado en usted —dijo Crawford—. En...
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