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Tomado de:
Erich Frornm, Ética y psicoanálisis, capítulo IV "La conciencia, el llamado del hombre a sí mismo", pp.155 - 186.

LA CONCIENCIA, EL LLAMADO DEL HOMBRE A SÍ MISMO

Quienquiera que habla y reflexiona sobre una mala acción que ha hecho, está pensando en la bajeza que ha cometido, y a aquello que uno piensa se está sujeto –se está sujeto absolutamente con toda el alma a lo que sepiensa- y, de tal modo, quien así haga, sigue sujeto a la bajeza. Y seguramente no será capaz de cambiar, porque su espíritu se tornará ordinario y su corazón se corromperá y, además de eso, podrá invadirle un humor de tristeza. ¿Qué deseáis? Quitar la corrupción de esta o aquella manera. Mas seguirá siendo siempre una corrupción. Haber o no pecado ¿qué provecho nos reportará en el cielo? Duranteel tiempo que estoy meditando sobre esto podría estar ensartando perlas para el gozo del cielo. Por eso es por lo que está escrito: “Apártate del mal y obra bien”, desvíate completamente del mal, no medites sobre él y obra bien. ¿Has obrado mal? Entonces equilíbralo obrando bien.
Isaac Meier de Ger 31

No existe aseveración más soberbia que el hombre pueda hacer que la de decir: “Obraréde acuerdo con mi conciencia”. A través de la historia los hombres han sostenido los principios de la justicia, el amor y la verdad contra toda clase de presiones a que se han visto sometidos con el fin de hacerlos renunciar a lo que sabían y creían. Los profetas obraron de acuerdo con su conciencia cuando denunciaron a su país y predijeron su caída a causa de su corrupción e injusticia. Sócratesprefirió la muerte a seguir una línea de conducta con la cual hubiera traicionado a su conciencia al transigir con la mentira. Sin la existencia de la conciencia la raza humana se hubiera quedado estancada hace mucho tiempo en su azarosa carrera.
Diferentes a estos hombres fueron otros, que también decían que obraban de acuerdo con su conciencia: los hombres de la inquisición, que quemaron en lapira a hombres de conciencia, pretendiendo obrar en nombre de su conciencia; los rapaces provocadores de las guerras, que han sostenido que obran siguiendo a su conciencia cuando anteponen a cualquier otra consideración su voracidad por el poder. En efecto, es difícil que exista alguna acción de crueldad o indiferencia hacia otros o hacia uno mismo que no haya sido racionalizada como el dictadode la conciencia, exhibiendo así, en su necesidad de ser apaciguada, el poder de la conciencia.
En sus diversas manifestaciones empíricas, la conciencia es, ciertamente, desconcertante. ¿Son estas diversas clases de conciencia una misma, y sólo difieren en su contenido? ¿Constituyen distintos fenómenos que sólo tienen en común el nombre de “conciencia”? ¿O resulta insostenible el supuesto de laexistencia de la conciencia si investigamos el problema empíricamente como un problema de motivación humana?
La literatura filosófica que trata de la conciencia ofrece gran riqueza de indicios para contestar estas cuestiones. Cicerón y Séneca consideraron a la conciencia como la voz interior que acusa y defiende a nuestra conducta con respecto a sus cualidades éticas. La filosofía delEstoicismo la relaciona con la autoconservación (cuidado de uno mismo) y es descrita por Crisipo como la vivencia de la armonía interior. La filosofía escolástica tiene a la conciencia por la ley de la razón (lex rationis) puesta en el hombre por Dios. Se diferencia de la “sindéresis”. Mientras esta última es el hábito (o facultad) de juzgar y de querer el bien, la primera aplica el principio general a lasacciones particulares. Aunque el término “sindéresis” ha sido abandonado por los escritores modernos, el término “conciencia” es usado frecuentemente para señalar aquello que la filosofía escolástica entendía por sindéresis, la advertencia interior de los principios morales. El elemento emocional de esta advertencia fue destacado en especial por los escritores ingleses. Shaftesbury, por...
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