Los astronautas de yave

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LOS ASTRONAUTAS DE YAVÉ – J. J. BENÍTEZ ALGO ASÍ COMO UNA «DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS» Supongo que este momento le llega a todo el mundo. Y aunque debo advertir al lector -no por afán de justificarme, sino por el más estricto respeto a la verdad sobre mi profunda ignorancia, es tiempo ya de definirme y definir lo que ha ido posándose en mi corazón. No soy ajeno al negro fantasma del error.Sé que ahora mismo puede estar planeando sobre estas líneas. Pero, a pesar de ello, correré el riesgo. A estas alturas, y después de dar varias veces la vuelta al mundo, he reunido suficientes pruebas y testimonios como para saber -con absoluta certeza- que los mal llamados ovnis existen. Si después de comprobar que han sido filmados, fotografiados, detectados en los radares civiles y militares, quehan sido perseguidos por los «cazas» de los Ejércitos de medio mundo, que han sido observados, en fin, por miles de testigos de todas las categorías profesionales y culturales, si después de todo eso y de haberlos visto y fotografiado personalmente no creyera en la realidad ovni, no sería un prudente investigador, como pretenden algunos... Sería un estúpido de solemnidad. No voy a cubrirme, portanto, con frases tan huecas como cargadas del «miedo al qué dirán...» Al menos en aquellas facetas del fenómeno ovni en las que las pruebas cantan. Las hipótesis sobre el origen de estas naves y sobre las intenciones y objetivos de sus ocupantes es harina de otro costal... Y he dicho «naves». He aquí un segundo pronunciamiento. El análisis de esos cientos de miles de pruebas -las formas y aspectode los ovnis, sus bruscas aceleraciones y frenazos, su pasmoso desafío a las leyes gravitacionales, el silencio con que se desplazan y las velocidades que desarrollan, inimaginables aún para la tecnología humana- llevan a cualquier mente medianamente lúcida y racional a una única conclusión: nos hallamos ante máquinas. Supermáquinas, quizá... Esto es lo que creo: los ovnis -una vez separada la«harina» de los casos auténticos del «salvado» de la confusión y del error- no son otra cosa que «astronaves». Pero ¿de dónde? Y llegamos al tercer y último postulado. En mi opinión -y a la vista también de los miles de casos espigados en todo el mundo desde hace ya más de treinta años-, esas máquinas o vehículos son dirigidos o tripulados en la mayor parte de los casos por seres de formasantropomórficas. Es decir, y
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para no andarnos con laberintos, seres parecidos al hombre. En mi andadura tras los ovnis he podido investigar más de 200 casos de personas de toda honestidad que afirman haber visto a estos «tripulantes». He dicho seres «parecidos» al hombre. Quiero reflejar con ello que, de acuerdo con esos miles de avistamientos, los «pilotos» de los ovnis no son exactamente iguales anosotros. Varían en sus tallas, volumen craneal, ausencia de pabellones auditivos, movimientos más o menos naturales -siempre sosteniendo como referencia nuestra gra-vedad-, presencia de escafandras y un largo «etc.», ¿Dónde quiero ir a parar? Muy sencillo: en base a esas miles de declaraciones de testigos que afirman decir la verdad,2 los expertos e investigadores con un cierto sentido común -yespero encontrarme todavía en dicho «pelotón»- consideran que dichos «tripulantes» no pueden ser habitantes de la Tierra. Sus características, aun ofreciendo los rasgos y atributos esenciales de la naturaleza humana, no los etiquetan como rusos, norteamericanos, latinos o asiáticos. ¿Qué piloto yanqui se vería obligado a utilizar una extraña escafandra en plena sierra Cespedera, en la provincia deCádiz? ¿O qué astronauta soviético se movería «a cámara lenta» en mitad de un bosque sueco, a escasos kilómetros de Estocolmo? ¿Es que tenemos noticias de «humanoides» ingleses o alemanes que no alcancen siquiera el metro de estatura? ¿Cuándo se ha conocido en toda la Historia de la Medicina de este astro frío un solo ciudadano «normal» cuyo occipital3 arroje un tamaño triple al de una cabeza...
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